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Maitre babori I A íaiua del orador político y parlamentario rápidamente traspasa las fronteras de su nación: no así la del jurisconsulto, salvo aquellos rarísimos casos en que el abogado viene á ser el intérprete de los nentimientos de lui pueblo ó de ttna gran parte de él y de la humanidad, como sucede eon Mr. Fernando Labori, célebre por haber defendido á Dreyfus, no menos célebre por haber defendido á Teresa Humbert. Mr. Femando Labori, cuyo retrato, maravillosamente dibujado por el ilustre artista monfíieur Richard Carniel, de París, publicamos en esta página, s él prototipo del hombre moderno, que se ha forniado á si mismo, empipjando su recia voluntad á s u íiiteligencia privilegiada. Pocas veces la noble misión cíel abogado habrá sido ejercida con mayor alteza de miras ni con más honrada fortaleza que G el trance verdaderamente Q 4- v A r pavoroso de la defensa de Dreyfus. En aquellos días de crisis para la patria francesa, maitre I, abori hubo menester reunir á la calma y se- renidad del abogado la presencia de espíritu del hombre político y la superioi penetración de los hombres capaces de conducir á los pueblos y de iluminar los repliegues obscuros de la Historia, donde se refugian todas las maldades humanas. Y cuando media Francia pedía con desaforados y salvajes gritos la destrucción de la otra media y las ciudades se dividían en dos bandos y el cisma se ahondaba hasta en el seno de los hogares pacíficos, ni la calumnia ni la maledicencia pudieron nada contra el egregio representante de la ley y de la razón. Acusóse entonces á todo el mundo, hundiéronse reputaciones consagradas, se arrojó al lodo la gloria adquirida con sangre en los campos de batalla. Labori sólo permaneció incólume. Murió Zola el apóstol: sano y vivo quedó I abori el abogado. El proceso ha sido nueva demostración d é l a ductilidad d e s u flexible talento. Cuanto podía conseguirse buenamente en un país como Francia, dominado por la burguesía amante del dinero y del ahorro, lo h a logrado Tyabori. Su elocuencia es tanto más apreciada, cuanto que hoy la oratoria no florece en Francia como antaño. I abori llegará á la Academia francesa, donde ya cuenta con muchos votos. Llegaría á ser cuanto quisiera si no hubiese tenido el acierto de apartarse de la política.