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f L TÜOUC DU 1 A redonda ascua se apaga en el mar lejano. La sombra, eterna perseguidora del sol, adelanta desde la región de oriente. Todo es calma y vaguedad en la naturaleza que se dispone al sueño; todo pereza y cansancio entre las gentes que van recogiéndose á la aldea. Vienen del trabajo y llegan al reposo. La campana de la iglesia llama á la oración de la tarde. Hombres mujeres, grandes y pequeños, se paran donde les coge el tañido. Y como se suspende la marcha se suspende de golpe el murmullo que salía de aquellas bocas, al modo que se acalla la algarabía de ui! charco de ranas cuando cae en él iina piedra. Leí mozos dejan á medio decir el requiebro que dirigían á las mozas; las viejas no acaban el picotazo que estaban dando á la vecina; los chicuelos siguen entre dientes su alegre charloteo. Los hombres se descubren las cabezas: las mujeres hincan las rodillas, y cada cual por su lado reza la tiernísima oración con cpe el augel saludó á María. ¿Qué piden mentalmente á la esposa de José y madre de Jesús? mQmz s VE, María! Mándame esta noche á mi camita al ángel que veo en sueños, el que tiene la cabellera de oro, la túnica azul y las alas de plata. Lile que venga cuando estov despierto. Y que me traiga juguetes. Yo te prometo ser un santo: rezar mucho tod as las mañanas; estudiar todo el día; obedecer al maestro, y obedecer y amar á mis padres. Y cuando yo sea hombre cumplisé los mandamientos de Dios y de la Iglesia. Oire misa todos los días; confesaré todos los meses; trabajaré mucho para ser rico y comprar un jardín que dé flores para tu altar. Pero envíame rJiora juguetes: ¡tendrán tantos de sobra los ángeles pequeños! Ya ves qué poco te pido y cuánto te prometo. A VE, María: Tú que eres madre de Dios y tienes tanto poder con tu hijo, consigue de él que me mande un novio. ¿Será pecado mideseo? Si lo fuera, tú, santa Virgen, no habrías amado á José. Te pido un novio para amarlo como tú aniaste á tu esposo. ¿Será mala tentación mi ruego? He cumplido ayer mis diecisiete años y yo no tengo la culpa de querer lo que mis compañeras quieren á esa edad. Te prometo ser muy buena para él, como tú enseñaste á las mujeres. Te prometo amarle sobre todas las cesas, después de ti y de Dios. Te prometo hacerle muy santo y muy devoto. Y si me caso con él, le llevaré á misa todos los días, le haré rezar conmigo tu rosario todas las noches. Y seremos muy trabajadores para ganar dinero con que comprar velas para tu altar. Pero dame ahora el novio: ya sabes cuál; no liav que nombrarlo, porque tú lo ves todo desde él cielo. Jlira qué poco te pido y cuánto te prometo.