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con la luz del alba y echan falda arriba, escalando los primeros peldaños de la cordillera. Acalden todos desde el h o r n o caldeado de Madrid, a n s i o s o s de frescura. Van á orear sus cuerpos y abrir sus bocas, durante un día, en el aire fresco y tónico de la sierra; van á mirar de cerca la temida cordillera, que en invierno sacude su blanca falda sobre la corte. La montana ha recogido su albo manto, enroscándoselo como un turbante en las a l t a s cumbres, que pasan de 2.000 metros; la montaña se ha d e s n u d a d o ante el cielo azul, al sol de estío. LLEGADA D E L TREN D E LOS MARIDOS CURIOSEANDO EL GUADARRAMA ERCEDiLLA es el umbral de una de las puer tas del Guadarrama. Y en los días festivos del estío veríais cuan pintoresca se torna esta entrada de la montaña. Salís de la estación, abarrotada con las vasijas de la leche fresca y pura de la sierra, y os encontráis en medio de los guías del monte, apoyados en sus cayadas, y de las bestias para atravesarlos. Son caballejos de poca alzada, caballejos de mucho pelo y de formas angulosas y secas; son asnos, son mulos igualmente desmedrados y pilosos. Y toda esta tropa tan desigual de casta y facha, y tan desaviada de arreos, observaréis cómo aguarda despatarrada, con la cabeza baja, la oreja gacha y el ojo triste, la carga del jinete. Los campesinos sujetan los animalejos. por el puñado de ronzales tenido de la mano. Pero á veces las riendas y los cabestros están sueltos, y los cabestros y las riendas se han enredado, al cabo, en u n a madeja inextricable, á las patas y los cuellos de la recua mohína y lamentable. Por la mañana, m a y repleto, llega el tren de Madrid, un convoy larg u í s i m o ruidosamente alegre. Por la noche, la víspera, han llegado los excursionistas más audaces, los que duermen al raso, e n v u e l t o s en sus inantas, bajo los bosques de pinos, y se despiertan F A M I L I A S DEL MINISTRO D E MARINA Y D E L SR. MURUVE CON EL ALCALDE HOTEL C E N T R A L SOBRE EL T Ú N E L