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s LAS HOR HATR, S I Í N aniig- o nuestro, erudito y helenista por d e s g r a c i a suya, sostiens con razones de bastante peso y de poca dudosa autenticidad que la horchata de chufas es entre los míseros humanos de los corrientes siglos lo mismo que era entre los dioses de Grecia la ambrosía ó alimento de la inmortalidad; una cosa que al propio tiempo tiene algo de comida y algo de bebida, es decir, que no es bastante sólida para mascarse ni bastante líquida para beberse á chorro, y nadie ignora qxie los inmortales hacen escasísimo uso de sus dientes, y que en los recintos donde no se muere, tampoco se conocen botijos ni porrones. Con mucho gusto comparti- simpáticas, reconstituyentes y halagadoras Affibrosias. Ufemm s, ülogias y JLne- mesias, que servís los chicos de horchata á la juventud inexperta, ó bien á la verdeante senilidad: los dioses del Olimpo os bendicen y os saludan llenos de entusiasmo porque ven en vosotras, desde su altura, á las n o b l e s descendientes de Hebe, la ilustre doncella, y de Ganimedes, el bellísimo doncel que fué arrebatado por el águila divina! Bien es verdad que á vosotras no os importará cosa mayor la bendición de los dioses, y os preocuparán harto más las propinas de los simples mortales; pero como por experiencia sabemos que en vuestro noble gremio haj muchas aficionadas á la poesía y duchas en asuntos mitológicos, br- íno será hacer constar aquí que nosotros os admiramos, y al decir nosotros nos referimos á Jove Capitolino con todos los dioses y diosas que preside, a nuestro amigo el htleniíJta y á quien estas. líoeaa escribe y b. v. p F O T S MUÑOZ L) E íiAtíi 14