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Del hombre luego la maldad creoienfe valió á mis ojos esfa venda odiosa, y el manso arroyo se lrocó en forrenfe y el aire azul en fempesfad brumosa. J oy van mis flechas con impulso ciego íanzadas al turbión de las pasiones, y no hallan, sordo Dios á nuestro ruego, mis ojos luz, ni paz los corazones. Mi mano ya con dirección incierta siembra más en quien menos lo merece; donde mi flecha cae, la herida abierta pasto al veneno del placer ofrece. L a venda ya sobre mis ojos bellos á dar no acierta merecidas palmas, ni parten de mi fuego los destellos á unir en santa comunión las almas. Sin rumbo los amantes corazones naufragan en el mar alborotado. ¡Ya no hay placeres donde no hay traiciones! ¡Ya no hay amores donde no hay pecado! Cuando el ftmor cantó, bajó a su senda de ángeles rubios compasivo coro y de sus ojos arrancó la venda. Volvió á cegar, al ver la luz y el oro. -Ricardo CÍ TA 1 I Ea O n i U J O I) E RF. GI! OR