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EL PAl 3 At) lIsl Y h h P- RINC HISA el Rejla princesa de CUANDO Harrar felizConquistador, ansiardemásHébrida, enseelimió con la dulce Ictena, su compañeraIslandia, se creyó y pensó no dfcha mundo, pues amaba á con. locura. Mas, semejante á la gota de hiél que amarga el vino más perfumado, la esterilidad de Ictena, acibaró el júbilo del rej Harrar. La ausencia de hijos que siguieren su rastro en las batallas; de hijas. que hilasen ante el hogar y arrullaran con cánticos su sueño, hizo infeliz al fiero señor, espanto de los. mares hiperbóreos. Por no entristecer á la dulce Ictena no la comunicó su dolor; pero sus puños se crispaban pensando que él, Harrar el Conquistador, rey de la Hébrida y de la Kuntlandia septentrional, dueño de mil islas, i. slotes y promontorios, señor de los mares de Morfoden y de Jiña, no escucharía nunca resonar en la bóveda de su palacio el restallar gorjeante de una risa infantil, ni contemplaría el áureo revuelo de unos bucles que flamean en torno de una carilla risueña. Así, cuando un día, fecha feliz entre todas, la dulce Ictena le anunció que en breve se colmarían sus ansias, el rey de la Hébrida creyó enloquecer de alegría. Su gozo no reconoció límites. Los heraldos t r o m p e t e a r o n la di chosa nueva porlas villas, y regocijándose tanto como su señor, los subditos de Harrar le enviaron mensajes gratulatorios. Llegada la época de su alumbramiento, la dulce Ictena dio á luz una niña, á quien se llamó B r i s e l d a la ansiada ó deseada. Tan f e l i z fué Harrar, que acordándose de las pocas amarguras sufridas por él eu el mundo, quiso evitárselas á la princesita, á q u i e n deseaba ver siempre dichosa. Al efecto, convocó en su palacio á brujos, agoreros y adivinos para consultar sus artes, u n a vez reunidos, el rey expuso su deseo. Quería alejar el dolor de la vida de Briselda. ¿Cómo podría ahuyentarse la desdicha? Los consultados hallaron varias causas á la humana infelicidad. Las enfermedades, la miseria, las inquietudes, amargan la vida. Pero también quedaron todos conformes en que el amor hacía soportables y hasta ligeras las mayores pesadumbres. Si la princesita era amada, sería feliz. Mas la pasión c ie inspirase había de ser desligada de todo vínculo terreno. En el ánimo de quien amase á Briselda, no debían influir ni riquezas, ni estirpe, ni poderío. Y el resumen de cuanto hablaron aquellas sabias bocas lo hizo la vieja Raguna, bruja centenaria, más arrugada que la corteza de un abeto, diciendo con voz cascajosa: Tu hija, ¡oh poderoso rey! será feliz si la aman sin conocerla. E. sto es difícil; pero como nada excita más una pasión que los obstáculos, rodea de peligros á la princesa Briselda; amontona en torno suyo prodigios y maleficios; haz que el solo intento de verla pueda co. star la vida. El terror aquilatará los encantos de la princesa; su fama volará por el mundo, y así no faltarán caballeros que la amen sin haberla vi. sto. Este amor es el más excelso de cuantos exi, sten en la tierra. Si aman de tal modo á tu hija, tal vez sea feliz. Dicho esto, Raguna saludó á Harrar y salió seguida de los otros brujos, agoreros y adivinos, que rascaban con el lento arrastre de sus pies las gruesas planchas de roble del suelo. Y mientras, semejantes á espectros sorprendidos por el día, desfilaban los consultados, el rey de la Hébrida y de la Kuntlandia murmuraba: Gigantes, grifos, mon, struos, todos rodearéis á Briselda, seréis guardianes de su hermosura y conqui, staréis su felicidad, aunque para ello el mar hubiera de secarse, el aire ardiera y el sol dejara de girar amoroso en derredor de la tierra. II. Cuando ia princesa tuvo quince años era tan linda, que todos la llamaban la hermosa Bi iselda. Entonces su padre la dijo: Hija mía muy amada, vas á separarte de nosotros. Escuchando tales palabras, la hermosa Briselda respondió suplicante: No seas cruel, padre mío. Déjame á tu lado, no me apartes de ti, no me separes de mi madre querida, de las dulces amigas conquienes juego. ¿Qué será de mis palomas, si yo no las beso? Todas morirán de tristeza. No me destierres. ¿Adonde iré que sea más íeliz? s-