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pT L R e t i r o es m á s grande, más frondosa é i m p o n e n t e la Casa de Campo, más alegi es los Viveros, más variada la M o n c l o a peroren Madrid no hay ningún jardín; tan delicado y exquisito como el Botánico: ninguno en el que se experimenten impresiones de tan g r a t a y refinada melancolía. Y por uno de esos contrasentidos tan frecuentes en las grandes ciudades, el Botánico no íuele ser paseado por personas aristocráticas, cías ni cursis castaños de Indias, ni ramplones álamos negros, i bullangueros c h o p o s donde quiera que volváis la vista, veréis las lisas cortezas de ios robustos y elegantísimos a l m e c e s que son los árboles más parecidos á columnas dóricas, ó bien los negros troncos de lofe olmos gigantescos, que p a r e c e n los abuelos de todos los árboles, ó la bella y lus Cí trosa e s t a m p a de los Ivincrarios cipreses, ó la gallarda altivez de los plátanos, ó la serenidad aristocrática de los cedros, ó la hermosura atractiva de los arces. Sou ni por poetiS soñadores, ni por cnnmoradi zas parejas. En él suele haber más clérigo. s que seglares, más viejos que jóvenes, más niños que viejos. La indiscutible superioridad del Botánico respecto de los otros jardines y p a s e o s debe atribuirse á varias causas. Primero, á que en él no entran coches ni caballos: es un jardín p e q u e ñ o igualitario, c o m o esas aldeas felices de la soñada Arcadia, en las que todo el mundo anda á pie, porque nadie necesita apresurarse. En segundo lugar, á la excelsa y augusta calidad de los árboles y arbustos y á lo bien cuidados, que están. No busquéis en el Botán i c o vulgares aca- los del Botánico unos árboles simpáticos amistosos, bonachones, de excelente sombra Entre ellos y bajo sus copas habita una ama ble íociedad, cuyo congreso lo forman los charladores mirlos, enzarzados en una d i s c u s i ó n interminable. En los claro? que los árboles dejan hay almácigas y criaderos, m i l e s y miles de m a c e t a s cada una con su cédula personal escrita en latín y suscripta por el Sr. de Einneo, óbien por Boezl ó por l o s grandes botánicos españoles Quer, Cabanilles, Ea Gasea, cuyas estatuas adornan uno de l o s m á s elegantes paseos... Ea hora del crepúsculo en el Jardín Botánico es digna de un cuadro. FOTS. MUÑOZ DE BAINA