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RKCOX KCCIOM riEAriHlllNTO T 1 U f P O t b A jEspantosa JaborF ba dura fierra rtO ofrece generosa su tesoro; bajo su costra el manantial soterra de la f j c n l e purisima, y el oro en sus cnfrañas lóbregas encierra. En la mina la veta inejtplorada se enrosca y se sepulta cual la sierpe en su nido cobijada: que en Ja sombra la gran Jaturaleza defiende avara y recelosa oculta h los oíos del hombre su ríquera: y aunque arrogante sobre e! llano extiende la mies dorada, cuaf inmensa allombra si el hombre arrebatársela pretende, con la Iu 7 que deslumhra la defiende, como defiende el oro con Ja sombra. Pero se opone en vano al noble estueno del trabajo humano; como el minero impávido desciendo á la profunda cavidad sombría. V iras constante y pertinaz portia. hiriendo el pedernal con la piqueta, logra del oro descubrir la veta no explotada por nadie todavía, así. bajo la lumbre enervadora del inclemente sol que abrasa y ciega á u ruda labor abrumadora el resignado segador se entrega. y en fanto que agobiado por el cansancio la cabeza inclina sobre el suelo duristmo. regado por su sudor, el cerró entalamado hacia las eras p r ó j i m a s camina. AllL mientras la hacina rápida crece, y el gañán se afana, y con la pala el limpiador trajina, y, bajo el trillo que la parva alUna, cruje la paja que la luz calcina y la reseca espiga se desgrana. el dueño alborozado contempla el rubio trigo amonlipnado que i cosía df? afígas y dolores fue k la tierra arrancado por la hoz de los sufridos segadores, y que, á salvo de riesgos y temores, habrá de henchir martana su gran ro. donde le apilará como un tesoro, igual que apila e! potentado el oro que arrancó la piqueía del minero ¿Quién podrá conlemplar inditcrento esa lucha titánica empeñada cntpe el hombre sufrido y resistente y la indócil materia rebelada? llíucha heroica tenaz y pe sis ente, que al través de tos siglos prolongada, ha de durar mientras el hombre alíenle léombaíe bienhechor! jisucha sublime que á la infeliz humanidad, proscrita en este valle de dolor, redimel iSu rra que, sin sembrar uto ni espanto, nj el odio enciende, ni la furia incita, ni vierte sangre, ni ocasiona llantol Como el puebio israelita atravesó el desierto, vagabundo, para llegará su Canaán bendita, asi a errante humanidad avanza por el inmenso páramo det mundo buscando otra Canaán que es la esperanza. iQué largo y qué penoso es el caminol fíadic alienta al cansado peregrino si rendido se postra y desfallece; ya la columna fúlgida ó sombría que á Moisés y á su pueblo dirigía, con radiante fulgor no resplandece la noche iluminando, ni barece gigante nub et resplandor del día. Con suplicante anhelo la triste humanidad en su agonía su voz levanía. ai impasible cielo. y en su plegaria con fervor le invoca oesde el ancho desierto de la pena, mas no surge la fjente de la roca ni desciende el maná sobre la arena. Manuel de SAf IflKL fA l k J l h A H í