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im Bon chevalier masque qu ¡c h e v a u c h é en silence... ÍVI: IÍI. AI. I; SA Í; SSI- -I Oe lejos vino el caballero enmascaraho, vino Oe lejos, no se sabe k 5 ón 0 e. Degro era el caballo, negra la montura, pavonado el arnés, 5 e ébano puro y briilanfe la lan a, negra íiesíe la moharra, hasta la cuja: era un gallaríio caballero, por dios, fli paso cabalgaba refrenando al corcel, y por bajo M negro bocado, entre los negros belfos penMa dolorida la negra lengua. La cara del caballero no se vera: la visera íraia alzada y dejando ver las mallas negras del almófar, pero et rostro venía cubierto con negra máscara de hierro; tras las ojeras, negros los ojos relucían como cuentas de azabache ín medio de silencio pavoroso cabalgaba; las herraduras forradas de negros fieltros herían la fierra sin hacer mh i: iio jadeaba el caballo, no respiraba el jinete. caballero Infortunio no se le oye venir nunca. Cuando le sentí, me había asentado la! an a, y con ella traspasó mi corazón viejo, mi corazón enfermo, mi corazón vicioso, mi corazón gastado. Saltó la sangre como un manantial rojo, formó un rojo arroyo en, el suelo, enrojeció á las rojas amapolas, se evaporó á los rojos rayos del sol. CI caballero se apeó. u negra sombra densa me pareció que cubría tierra y cielo. (Ris ojos se quedaron sin vista, quise lanzar un grito y tembló mi cuerpo todo, porque el corazón había temblado. (Di corazón agonizaba, se moría... e mu- W rió mi corazón viejo. entonces el caballero Infortunio se acercó á mi cuerpo exánime, puso ía rodilla en tierra, junto á mí, con el oído de los recién muertos, escuche el mhmr de sus grebas y de sus quijotes. u mano dura se posó en mi pecho. n