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el burro, stiben al centro también eu busca de hazas que segar. Prodúcese el desequilibrio, la competencia. I a faena es mortal, aterradora. Los ojos se enrojecen, los cerebros bullen. El obrero de la fábrica y del taller apenas tienen idea de lo que es el trabajo del segador; así, ahora, al verlos hacer eco á las palabras de reivindicación, se asombran del ardor con que las pronuncian esos obreros atezados, terribles, medio desnudos, sin ideas ni camisa. Iva era es otra faena horrorosa. Chiquillos de nueve, de ocho, hasta de siete años, dando mareantes vueltas todo el día bajo el sol urente, sobre la parva abrasadora, sentados en una tabla que parece una plancha de hierro enrojecida... Los parveros y los limpiadores, revolviendo la mies tostada, lanzando al aire los montones de grano rojo, sin cesar, jadeando y sudando... Caro cuesta el pan nuestro de cada día, y no todos lo ganan con el sudor de su frente. Por cima del gango, donde reposan un rato los trabajadores de la era, pasan ráfagas abrasadoras en las que acaso van envueltas palabras de rebeldía... Los sociólogos se preocupan del problema. Los gobernantes... no se acuerdan de Santa Bárbara hasta que truena Y que hay amagos de tempestad, es indudable. El socialismo del campo es el más terrible, porque es el más ignorante. LIMPIANDO í- jMmm y: m fe- í é ¿z ¿LA M E R I E N D A E N EL GANGO FOTS. CODORNIU