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FAENAS D E L CAMPO LA SIEGA Y LA TRILLA I os tiempos son de tristeza. La humanidad entera va tomando una tendencia fúnebre y quejumbrosa verdaderamente desagradable, y hasta el campo, donde en las épocas clásicas y en las románticas se refugiara la alegría, se resiente ya de la hipocondría universal. La siega para nuestros abuelos fué una fiesta, algo sagrado y regocijante que venía á colmar las esperanzas de todo un año de labor; para nuestrr s padres fué una faena útil y grandiosa, considerada desde el punto de vista de la economía social; para nosotros es un problema de los más graves y peliagudos; quizás para nuestros hijos sea la causa de una espantable revolución en que todo el orden y estabilidad de las sociedades queden subvertidos y vueltos patas arriba. Los segadores. se. uejan; Ios rostros negros de los asfiLA. HATERA x i a d o s braceros no sonr í e l o s nervudos brazos amagan; las hoces amenazadoras relumbran. C u a drillas de gallegos y leoneses, ajustados por capataces que descienden de los negreros y continúan la trata de blancos, bajan á C a s t i l l a y á Andalucía; otras cuadrillas de guachos, es decir, de pobres manche gos de Albacete y Ciudad Real, que vienen en familia con la mujer, la suegra, las hijas, los chiquillos y émM. m ií -y. -1,2 C- Jfít i -2. -r- s P ri y 1. LOS S E G A D O R E S -2 P A T A L E A N D O LA PARVA TRLLANDO