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LEYENDAS ESPAÑOLAS KL C r a i L O DE FUENTES DE VALDEPERO A una legua de Falencia, en una pequeña colina, al pie de las que suben al monte del Rey y al Sur del pueblecito de Fuentes de Valdepero, se alza aún orgulloso, imponente, un hermoso castillo, que pertenece á la casa de Alba. Es una masa de piedra cuya altura excede de ochenta pies, teniendo cada lienzo de muralla unos ciento treinta; su construcción es puramente militar: gruesos muros, escaleras empotradas, mazmorras y calabozos. Dice la historia que en el mismo sitio tuvo un castillo el famoso fundador de Valladolid D. Pedro Ansúrez. En el siglo xiv se edificó la actual fábrica, cu 5- o centro ocupa un hei moso patio de honor, con un- pozo de aguas inagotables. Adornan la fachada los escudos de la casa de Sarmiento, magnífica- -r mente esculpidos, y en el bastión que mira al Este se veía hasta hace pooo un hermoso blasón en el que estaba clavada una espada de acero de tan fino temple, que en vano se intentó romperla ó arrancarla de allí. Aquélla quiere la leyenda que fuese la espada del conde de Saldaña don Sandías ó D. Sancho Díaz, padre de Bernardo del Carpió, el héroe leonés; y éste es un jirón desgarrado, un cabo suelto de la trágica epopeya no recogido hasta ahora, que nosotros sepamos. Al publicar el insigne Menéndez y Pelayo su Tratado de los romances- viejos, donde se contienen en magistral resumen cuantas noticias han recogido la erudición y la crítica sobre el supuesto paladín de Roncesvalles, no hace referencia á la fortísima espada que los siglos han visto hundida en la muralla del castillo de Fuentes, y de la cual casi con seguridad puede afirmarse que debió de jugar un papel importante en la primitiva leyenda. La tradición leonesa que los romances cantaron señala para prisión del conde de Saldaña el castillo de Luna, cerca de León (ia Mota de la Luna, según D. Bernardo de Valbuena) lejos, por consiguiente, del castillo de Fuentes de Valdepero. No vemos, pues, clara la relación que con el conde pueda tener la espada cuya noble hoja resistió tantos años las injurias de la intemperie; pero ¡qué admirable y romántico dato para la leyenda del hijo vengador ese acero empotrado en la piedra de un escudo! ¡Lástima es que no se encuentre el hilo que une este pedazo de leyenda con la trama general del Bernardo! FOT, VICENTE BOTO