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Oüeyeoo y i m oe ucea (AX KCDOTA) Mal contento, sin haber hecho como acostumbraba, antes de almorzar, un acto de sus comedias preciadas. Fray Féli? í Isope de N ega dejó un día su morada, y con dirección al Prado de ñtocha se encaminaba pensando en la situación cpífica y aun apurada en que tiene a tres galanes de su nueva obra dramática, situación cuyo final decoroso no encontraba. Andando á un tiempo y pensando oye una voz que le llama diciéndole: -Adonde bueno; adonde la honra mantuana? í o era otro que don Francisco de Quevedo el que así hablaba á Liope de Vega, quien, deteniéndose en la marcha, contestó: -A vuestro mandar, don Francisco, aunque de nada podré serviros, según soy de menguado. ¿Qué os pasa? De cuándo acá desconfía de sí mismo y se amilana el Féni j de los ingenios? Desde que en hora menguada se me ocurrió utilizar el retrete de una dama, dejando en él tres galanes encerrados; y tal traza me doy, que no encuentro medio de que del retrete salgan. ¡Ira de Dios! -dijo al punto Quevedo. ¡Isa cosa es llanaá íacerlos salir de allí puede de manera rápida vuesameroed. ¿Cómo? ¿Cómo? ¡poniendo fuego á la casa! Isope, siguiendo el consejo, poco después terminaba de sus famosas comedias una, y fué muy celebrada. ISIDORO HERNÁNDEZ Y HERNÁNDEZ Dl ífJO DE ESTEV. iN