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una i m p r e n t i l l a de Avignon. Tuvo una novia, y sus p l a t ó n i c o s amores terminaron haciéndose monja la amada y yéndose el amante á recorrer tierras. Lo mismo que P e t r a r c a Aubanel consagró su vida entera á cantar sus melancolías y sus desengaños; el libro magistral que compuso lleva un hermoso título: La granada entreabierta. Mas por cima de Roumanille el campesino y de Aubanel el enamorado se alzó pronto un verdadero genio, poeta de los grandes: el Homero provenzal, según Lamartine: el popularísimo F e d e r i c o Mistral, monarca de los f elibres, príncipe de los ingenios de Provenza; el autor de Mireya, poema que, c o n alguna hipérbole pero no sin fundamento, se h a c o m p a r a d o con la Odisea. Mistral ya no es un pobre campesino, aun cuando él intente pintarse como tal y alardee de no haber usado jamás otro atavío que el chaquetón holgado, el sombrero chambergo y el garrote del caminante. Mistral es un hidalgo de aldea que vive rodeado de la veneración y del amoi de los campesinos, pero también del respeto de los señores. Mistral sabe latín y quizás fgriego, conoce los clásicos acaso mucho mejor de lo conveniente á un poeta popular, y deliberadamente imita las formas arcaicas... De todos modos, es un gran poeta, y recientemente Rostand le echaba ds menos en la Academia. Madama Mistral fué la primera reina de los felibres: en 2 S fiestas latinas Ó LA POETISA FILADELFA D E GEKDE Y LA REINA ACTUAL MLLE. CHEVIGNÉ Juegos florales celebrados enMontpellier en 1878, la coronó reina el poeta laureado, el popular vate rumano Alexandri. r esde 1878 se celebran estas fiestas c a d a siete años. Reinó, pues. Madama Mistral desde 1878 á 1885: Teresa Roumanille desde 1885 á 1892. L- a tercera reina fué la bellísima señorita María Girard, desigr nada en 1892 por el poeta laureado Mario, André, y actualmente está casada con el poeta de Aix Joaquín Gasquet. La reina actual es la señorita María Teresa de Chevigné, coronada en Arles en 1899 por indicación de la poetisa triunfante, Filadelfa de Gerde, ó sea Madama Gastón Riquier, á quien se considera como la mejor continuadora de las glorias de Roumanille, Aubanel y Mistral. La corona que en estas fiestas pacíficas se obtiene es de rama de oliva forjada en plata. El imperio de las reinas de los felibres no es sino imperio de amor y de poesía. A alguien le parecerán ridiculas estas manifestaciones de particularismo poético, siendo como es la Poesía un arte universal y, humano: pero en ellas no debe haber ni una gota de hiél. Y luego, como decía el inmortal Daudet, el sol, el hermosísimo sol de Provenza lo justifica todo. FOT. DE ÍEMINA