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B CROQUIS ASIÁTICOS 2 V UNQTJE ya vaya desapareciendo de nuestras costumbres el ab surdo prejuicio que consideraba el té. como una tisana medicinal, los europeos apenas tenemos noción de la capital importanciaque en el Imperio chino, maestro de tantas cosas, se concede al té y á cuantos actos habituales y ceremoniosas prácticas se relacionan con dicha sabrosa bebida. Todo chino regularmente acomodado considera la hora de tomar el té como nosotros estimamos la de la comida; es decir, como la ocasión más favorable para las expansiones íntimas y para la mutua comunicación entre las personas que componen la familia. Y no es que el chino tome el té solamente en su casa: al contrario, no hay persona bien educada en el Celeste Imperio que no lleve consigo una bolsita con té para tomarlo en cualquier lugar donde haya á mano agua caliente y un búcaro, y para al Eí? ír i a B r v, 5 i í i ¿v amigo á quien tropiece en la calle, como nosotros sacamos la petaca y ofrecemos tabaco. Pero esos tés tomados al revuelo y por mera necesidad social, nada tienen que ver con el té reposado, solemne, litúrgico, que el chino rico sorbe en el jardín ó en el salón de su casa con voluptuosa beatitud, Para tan emocionante y exquisito momento se escogen las hermosas y perfumadas hojillas del t ¿perla, que es el rey de los tés, recolectado de la primera cosecha (té imferial) en las provincias de Kiang- Nan ó de Che- Kiang. Antiguamente, cuando aún la civilización europea no había entrado á sangre y fuego en la venerable y desamparada China, para cultivar y recoger el té imperial se observaban las más minuciosas ritualidades. Los encargados del cultivo habían de ser hombres jóvenes, pulcramente vestidos y escrupulosamente lavados y peinados. Estaban sujetos á un régimen alimenticio especial para que no hubiera en su aliento impureza ninguna que pudiese contaminar á las plantas ó entibiar su penetrante aroma. Para recoger la hoja habían de lavarse las manos una porción de veces y calzar todos los días un par de guantes nuevos. El té de primera se sacaba únicamente de los arbustos de tres á cuatro años y de las hojas primeras que echaban. Los famosos tés negros, congos, souchong, pekao y aukay á que los comerciantes occidentales conceden tan pomposa importancia, eran despreciables hierbajos para un chino de calidad. Hoy las cosas han variado mucho, y ni siquiera en lo más apartado del Celeste Imperio se puede tomar una buena y legítima taza de té. FOT. MAKTi f. T iyi