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Y á esperar. El primer día no fué nadie. Claro, acusramtirados á los precios anteriores no se conformaban con pagar la perra grande señalada ahora. Era cuestión de calma. Pero pasaron tres más, y la huelga del público persistía. El exhibidor tomó una decisión heroicabajo los precios y aumentó las letras del cartel. A PERA HICA escribió en letras como cabezas Y nadie... ¡ni un alma! Se conoce que se habían juramentado para sacarle por hambre de su guarida En vano, en cuanto la casualidad juntaba ante la caseta un grupo de arrapiezos con los dedos en las nances, el pobre hurgaba al oso para hacerle lanzar rugidos espantables; en vano largaba de tiempo en tiempo u n galimatías multilingüe y lastimero para ponderar lo que se vería dentro Al octavo día, convencido de su mala suerte, ya no decía palabra, mudo y ensimismado á la puerta de su barraca, mientras el pobre animal, avezado al aire libre d é l o s caminos polvorientos ruo- ía de hastio encajonado entre la estrechez de las tablas desnudas. Por fin, al décimo día, u n hombre se acercó á la entrada; era el comerciante de las tablas que en vista del fracaso evidente del negocio, se apresuraba á presentarla cuenta antes que el panadero v el tabernero y los demás eros acreedores, tal vez con la vana idea de cobrar por eso mejor. Con la mayor suavidad mostró al bohemio la más detallada y minuciosa de las facturas El infeliz no presentó objeción: ¡nada! ni dijo palabra, ni hizo un gesto; mudo, petrificado, el Barnum sin fortuna parecía la estatua de la Insolvencia. El reclamante, convencido de que no sacaría nada por las buenas, levantó el gallo, chilló y amenazó ¡Como si hablara á la pared! Había que oirle al hom bre deplorar su confianza excesiva. Y no era eso lo peor, sino que muchos parroquianos con cuentas pendientes en su comercio seo- uían curiosos la contienda, para juzgar de sus agallas y ver si rezaba de buena fe el Padrenuestro enlo de perdonar a sus deudores. Era preciso mostrar energía y no andarse en contemplaciones. Había que embargar algo. ¿No había más que el oso? ¡Pues el oso... Precisamente poseía él una tejavana donde estaría el bicho como en su casa. ¡A la tejavana con él vean ustedes lo que son las cosas. Aquel público desdeñoso que no había querido honrar con su presencia la barraca del húngaro, se daba de mojicones por asomarse á las rendijas de la tejavana- los chiquillos, sobre todo, llovían espesos como piedras á tablado y pegajosos como las moscas en la miei. Y los que no lograban ver al oso se entretenían en inventar canciones burlescas. El pobre hombre, incomodado por tal muchedumbre que interrumpía el paso para la tienda esperaba de un momento á- otro la llegada del bohemio con bandera de parlamento. ¿Qué podía hacer sin- el oso más que morirse de hambre? Pero no vino: ¡justa venganza! ¡Tampoco el público había ido á él! rx: Dura- le la n- sclic, ct- a los por les lucidos íeíoccs del oso haiubriinto, nucbvis curiosos se subieron al tcjavlo para ver lo que hacía Pobi c- tejas En cambio ellcs diero -i la noticia de que el animal se había zampado el contenido de unos barriles d. e sardinas que valían más que la barraca. ¡Cuando un negocio se tuerce. Cayó el comerciante del burro, y mandó que buscaran al exhibidor para que se llevara á su oso, al cual no era prudente acercarse; tales eran sus alaridos y destrozos. Ea noticia que trajeron los emisarios le consternó. El húngaro había tomado el portante y ya no estaba en el pueblo. ¿Qué hacer? ¿Pedir que matara el oso á tiros la Guardia civil? ¡Ta, ta, ta... ¡Así se mata un oso que no estamos muy seguros de que sea nuestro! ¿Y si luego venía el otro con reclamaciones? Porque ya había oído el comerciante la opinión de un abogado que, entre bromas y veras, declaraba inembargable al oso como herramienta del oficio de exhibidor. En fin, que le entró al hombre tal desasosiego que tomó el caijütio. Alcanzó á su deudor en Mundaca, le llevó á la taberna, paternal y bondadoso; fraternizó con él, q- flitándole contrabajo de la cabeza la idea, ya arraigada, de dejar el oficio, del que hizo el comerciante grandes y cómicas ponderaciones. Total, oue para remate tuvo que darle dos duros porque volviese por el animalito. Así que desde entonces, cuando algún acreedor airado amenaza con el embargo al mal pagador qr. apura los dos primeros plazos del tarde, mal y nunca no falta en el auditorio quien munnure: -lAv! iembars ar... l Yoízo maciUiña si te tiene. éste tauíién... JUAN AEZAD- ÜN 1 L. UJOí; DE l l L G l L O r