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...Y ACONTECIÓ EN EL REINO DE LA PRIMAVERA Zephiros. ¿Dáis audiencia, señora? La PriTitavera. -Quién la pide? Siete doncellas enamoradas que vienen de In. tierra. Las enamoradas. -Reina nuestra y amaDie, ampáranos La Primavera. -Lleguen. á mi presencia. ¿Qué buscáis en mi reino? Secad el llanto. Mi trono está cercado de. flores, y el llanto que cae sobre las flores, las marchita. -Señora: somos niñas. -Reina: hermosas nos dicen. -Al nacer la orimera violeta, nació nuestro amor. -Y tiene corona de rosas. -Que quisiéramos inmortales. -Porque su aroma es nuestra vida. -Pero sabemos, reina, que vendrá el Otoño. La. i siete. -Y que con el Otoño caerán las flores y llorará el amor. ¡Señora, reina nuestra y amable, ampáranosl La Priviavera. ¿Por qué venís á mí? -Sois la soberana de las rosas. -Y mandáis en los rayos de sol. -Cierzos y escarchas están domeñados bajo vuestro imperio. ¿No podréis, sonriendo, desarmar al Otoño? -Y rogarle que respete nuestros amores. -Y que sus vendavales no deshojen nuestras coronas... -Y que sus aguas frías no se derramen sobre nuestro verjel... Las siete. -Reina nuestra, y amable... (Pausa. La Primavera, oído el mensaje, medita. Las siete enamoradas esgeran palpitantes de emoción, pero inmóviles bajos sus túnicas luengas y blancas. Zephiros acaricia con dedos invisibles sus cabelleras color de trigo. La Primavera, irguiendose. -Aquí, mí mensajero. Zephiros. -Mandad, soberana. -Busca al Otoño y dile que hé menester de su consejo. (Sale Zephiros, suscitando al pasar remolinos de aroma. Y vosotras esperad la sentencia que el viejo quiera darnos: hablará mi alma por vuestro amor. Las enamoradas. -Señora, tomad nuestra vida. Torna Zephiros. Se oye una trompeta sutil. Suenan, más bajos, acordes mayestáticos de vendaval. Las flores del trono pliegan sus corolas. Zephiros. E 1 Otoñol Y el viejo rey de barba enmarañada y gris como los cielos en Noviembre, entra en el reino de la Primavera. Viste por manto real el incendio de una puesta de sol: trae la frente- -la frente rugosa- -ceñida de nubes, y sus ojos son verdes como las charcas donde flotan las hojas muertas. Marcha pesadamente, y á cada paso va tronchando una flor: á cada flor tronchada, hace duelo una lágrima de la Primavera, y por cada lágrima cae un copo de escarcha sobre un rosal que vive en el jardín más soleado de la tierra. La Primavera. -Buen padre Otoño, bien venido seáis á mi morada. El Otoño. -Díjome tu enviado que habías menester mi consejo. -Cierto, señor; sobre mi aima duerme una angustia que tú puedes curar. El Otoño sonríe malévolamente: -Mis manosdice- -tiemblan de vejez y están encallecidas poi el largo vivir. ¿Cómo han de curar las llagas de t u corazón, que apenas ha nacido? -El largo vivir enseña larga ciencia, y el alma de la vejez se llama compasión.