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I MI i M i I I S! valiente soldado que rodó en la frínahera con e! pecho cruzado por la bala certera, casi exhausto de vida llega al sanio hospital; sus amigos le dejan desmayado en el lecho g llorando se alejan al mirar en su pecho dilatarse la herida con aliento mortal. Jl la vez se divisa mientras yace dormido halagüeña sonrisa en la faz del herido, como estrella que alumbra de la noche el horror: es la fiebre que sube y que su alma enardece, como el rayo en la nube cuyo seno enrojece el rasgar su penumbra con brillante fulgor. Sueña en glorias que alcanzan las iberas legiones, que é medida que avanzan sus temibles cañones se dilata de S paña el antiguo confin. Ve las armas potentes acrecerse en la guerra, como lavas hirvientes que inundaran la tierra Impulsadas con saña y extendidas sinfín. Sueña luego el soldado que en la paz bendecida introduce el arado en ¡a fierra querida que con sangre regase y después con sudor, üi é su Patria adorada en la paz más gloriosa, DIBUJO DE REGIDOS esparciendo la vida que en su seno rebosa como sol que alumbrase con destellos de amor. Jlsí mueren los buenos, asi mueren los santos, entre goces serenos, sin zozobras ni espantos, floreciendo íe nura y vertiendo su miel, y la fiebre la ¡rende ilusiones tan bellas como un astn que enciende luminares de estrellas adornando la e fura con brillante joyel. J! si muere, en calma sin pesar ni temores, porque el bueno en el alma lleva un nido de amores, de pasiones rué yacen anidadas en él; de la fiebre al encuentro salir todas anhelan, y del alma en el centro espantadas revuelan y las penar, deshacen con su alegre tropel. SPierda íriste la vida quien se aplique ágozarla y con su alma rendida al temor de dejarla sueñe ya en tos infiernos su egoísmo carnal, pero el héroe muera con la faz sonriente y en la hora postrera iluminen su mente resplandores internos de una luz celestial. RAFAF, T O R R Ó M E