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KlfiCOHES VERAXIEGOS LUCENA DEL CID I ANTO hablar de San Sebastián y de Santander y de Gijón resulta v. n poco empachoso, á la verdad. Dejemos con su bullicio, su turbamulta y sus placeres ciudadanos aqtiellas playas célebres á los sujetos que tengaa gusto en lucirse, presumir, ostentar el lujo y la vanidad, y acojámonos á los rincones silenciosos, d i s c r e t o s y tranquilos, donde mejor se realiza el ideal sensato d e quien veranea no por satisfacer caprichos de la moda ó exigencias d e l orgullo, sino por descansar en la placidez, el reposo y la soledad, concediendo á la rendida naturaleza el reposo que exige á quien de ella abusa con el trabajo excesivo ó con las malas condiciones de la vida en las capitales populosas. Se comprende y se justifica perfectamente que los aristócratas para quienes otoño, invierno y primavera no son sino sucesivas series de diversiones, deportes y regocijos, no sientan cansancio al llegar el estío y sí deseen tan sólo huir del calor madrileño y proseguir su vida de esparcimiento y solaz en otros más gratos climas: pero como el mun- do no se compone exclusivamente de madrileños ricos, hay miles y miles de personas que necesitan y buscan el reposo y la calma, la placidez monótona de los pueblos chicos, de los lugares á donde no llega con facilidad el estrépito de la vida urbana. Echémosnos, p u e s á buscar rincones veraniegos, cimas silenciosas de apartados montes, playas modestas sin alborotos, nijuegos de envite y azar, n i competencias en el vestir: lugares apacibles y repuestos donde vivir en paz y recobrar fuerzas para la lucha próxima. Y animados por este propósito, comenzamos hoy por descubrir un rincón veraniego, del que muy pocos lectores tendrán noticia: la olvidada, pero p r e c i o s a villa de IvUcena del Cid, en la hermosísima p r o v i n c i a de Castellón de la Plana. Lucena del Cid es un montón de casas blancas que se apelotonan, asidas unas á otras en difícil equilibrio, en la más alta cresta de una montaña. El paisaje qvie circunda el pueblo nada tiene que envidiar á los más abruptos y fantásticos de Suiza ó del Tirol. Todo aquel territorio lo forma una serie de montañas sobrepuestas unas á otras, formando, al entrelazarse, una masa ciclópea, en la cual descuella la célebre Peñagolosa, elevadísima cima que forma el núcleo Ó nudo del complicado