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i- i t í vértigo los volteos de si los sitelcí tener aJ ir ws a i i í ns, y zumba hondauíer que soplan, que abate hierbas. Comprendéis entonce cho más grande el A alo ro enristrando el lanzój do el rocín, en la enibesl molino, que el grado in su locura imaginándosí El molino es el gigant espantable del poder y w, Para representái elo de esta manera, es bien pequeño el trabajo que necc- sita empleai una fantasía algo excitable, l i a s no es tan sencillo, en caM- bio, colocarse en un estado imagin. itivo al ni el del valor heroico que t lequiíió Don Quijote para anemeUr con el lanzón al aspa, con tan decit ida voluntad de la batalla, que reclamaba el aguante de sus enemigos a! g r i t a r l e s A on fiivoifis, cobardes y vileí. 5 vv 1 íí f E? i- criatttras, qtte KU solo caballero es c- l que os aco: iiete. Por esto nos resulta tan natural y graciosamente cómico el final de la aventura, al volar maltrechos por los aires caballo y caballero, y romperse la lanza contra el a. spa en mil pedazos. Y ved, luego de apartaros del horror de las aspas volteando, el interior apacible, bondadoso, amoroso cuasi, del molino, que prepara el alimento del hombre con el esfuerzo triturador de los cuatro brazos de dos leguas Subís por la escalera caracoleada, harinosa, blancuzca, que resbala suavemente el pie como por una jabonadura, y encontráis arriba al molinero, á las mozas del molino, polvoreados de blanco en las caras y en los brazos desnudos y en las ropas de colorines. Y plácidamente os sonríen, os fe. stejan, os acomodan donde buenamente pueden, si al cabo es posible el acomodo. Es éste el interior que adivinaba profundamente Sancho al prevenir á su amo en el arranque de la acometida: Mire viícslra que aqTtcllos que ollí se parecen no son gigantes sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos, son las aspas, que volteados del viento, hacen andar la piedra del molino. Y e s e l e x t e r i o r e l d e l m o n s t r u o que voltigea fuera con fiero, medroso ceño, el único considerado por Don Quijote, camino del ataque, e n s u t r e m e n d a a m e n a z a -P i i e s aunque mováis unís brazos que el gigante Brlareo, me lo habréis de pagar. Ciertamente que en la famosa aventura resultó la del molino de viento una de esas cabezas fuera de su sitio de que nos habla Alfonso Daudet en la pintura de su Tartarin de Tarascón: una cabeza de feroces trazos, guardando un natural bonachón, de afectuosa complacencia. Así, por fuera, el molino se agita con ademán furioso, con irritado gesto, mas es para moler por dentro amorosamente el trigo d e los panes y polvorear de blanco las mejillas coloradas de las mozas molineras. Sancho traspasó la máscara, porque Sancho, en verdad, era un psicólogo. De no tener sentido común, pudo ser tan buen poeta como el amo, el escudero. C. VRLOS DEL RIO DIBUJOS DE C. 4 RL 03 V. AZQUEZ