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LA AVENTURA E LOS MOLINOS DE VIENTO Y o os digo, de ciencia propia, que sin liaberlos visto inviy de cerca, no os formaríais jamás la idea justa de lo valerosa, de lo inaudita, de lo heroicamente loca que fué la acometida de Don Quijote á los molinos de viento: ni tampoco siquiera de lo fácilmente comprensible que aparece el trueque- que en la fantasía del andante caballero se hizo de los molinos por el ejército de treinta ó pocos más desaforados gigantes. Es claro que á lo lejos, en lo alto de las lomas que cierran el horizonte del campo niancheg o, desolado y 5- erm 0, el molino de viento ni puede ser espantable, ni amenazador, ni mucho menos agresivo. A iistancia, todavía los molinos no pudieron calentar la imaginación ni excitar la fiiria de Don Quijote. Pero avanzáis por la Mancha verdinegra, como la piel del lagarto, sin un árbol, sin una casa, hasta colocaros á doscientas varas del molino, y ya sentís que el molino de por sí, aun sin la influencia de la fábula, os trastorna un tanto la cabeza. Y más de cerca, de tal manera el molino se agranda y el molino se anima, que el molino es imponente. Porque yo os asegui- o que todo el artefacto se parece tan ajeno del mecanismo inanimado que lo mueve, que realmente es fácil tenerlo por un ser fantástico con alma y con vida, que alienta, que ruge, que agita los brazos con fuerza hercúlea, como para cogeros y lan zaros violentamente desde la tierra á los aires. Cruje su esqueleto con siniestros chasquidos; dan