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Luis, que siempre había tenido tendencias liberales, entendía que por el camino de los exclusivismos podría llegarse pronto á un movimiento de fuerza. D. Manuel María Santa Ana, con su capota azul y aquellos ojos vivos y al mismo tiempo amortiguados, con los que hablaba más que con la palabra, era de opinión de que Arrazola no entraría en el Gabinete, porque así lo había asegurado la Petra. (Petra, cuyo apellido no creo correcto estampar, era una camarista ó cosa parecida, que tenía t o d a la confianza de la Señora. Por otra parte, Manuel Hazañas, uno de los primeros contadores de sucesos y cuentos que lia tenido España en la segunda mitad del siglo xix, tenía por seguro que Sor Patrocinio sostenía á t o d o trance lacandidatura de D. Ramón, y que el Ministerio no se formaría sin cierta consulta previa con determinada persona que ejercía altísima influencia. Verdaderos escuadrones de candidatos á oficiales de secretaría y gobernadores de provincia, bebían las irnpresiones de D. Agustín Torres Valderrama y Víctor Cardenal, que aseguraban que á Gobernación iría D. Florencio Rodrígiiez Vaamonde, porque á González Bravo nadie le había dicho nada como les acababa de decir el mismo Nacarino. así transcurría la noche en el café de la Iberia, que estaba de bote en tote, según frase muy á la Y moda en aquellos tiempos, y la crisis, en cuanto se refería á noticias de ella, se desarrollaba en el café, porque ni el Salón de Conferencias estaba, como hoy, abierto á t o d o el mundo, ni la policía ni OBgzánífo 7 fe dejaban formar grupos á la puerta de la Presidencia, que estaba en la llamada Inspección deMilicias, cuyo edificio ocupaba el mismo sitio que ocupa hoy el esquinazo del Ministerio de la Guerra que corresponde á la Plaza de Castelar. Era perfectamente desconocido el procedimiento de que cualquier periodista pudiera acercarse á un hombre político de primera fila para preguntarle si le habían hecho indicaciones para formar p artedel Gobierno, porque como ya antes he indicado, el reporterismo no se conocía, y de política sólo se ocupaban los políticos, pareciéndole al público que estas cuestiones eran algo así como la Astrología, de la que sólo podían ocuparse los astrólogos. Y de tal forma y de tal manera estaba arraigada esta creencia, que de las crisis sólo se trataba en las tertulias del duque de Ríánsares; cuando estaban en Madrid, algo en las reuniones de la casa de la Montijo; un poco en la de D. José Salamanca, que sólo hablaba de estas cosas con D. Alejandro lylorente, los Gándaras y D. José Zaragoza; otro poco en el Salón de Conferencias y mucho en el café de la Iberia. Y se daba muchas veces el caso de que después de haber circulado, por los que entonces se llamaban centros políticos, determinadas candidaturas, se formaba un Ministerio del que no se había hablado nada, que según aseguraban algunos maliciosos se había confeccionado en San Pascual ó en la Secretaría de la estampilla. Eso sí, formado el nuevo Gobierno, cuya lista no daban por suplemento los periódicos, sino que se publicaba en extraordinario de la Gaceta, toda la Administración sufría un camlíio radical, y llegó á se? considerado como un gran hombre de partido cierto político que dijo: En mi departamento s e c a m biarán hasta los algodones de los tinteros. No había ley de Presupuestos, ni de Empleados, ni más ley que el capricho de cada ministro, y los primeros tres meses- -y hubo ministro que no tuvo tiempo para m á s a s e lo pasaban los ministros quitando y nombrando ernpleados. Mientras los moderados hacían estas y otras cosas, los progresistas, que habían estado alejados del poder once años, al llegar á él se abonaban por un decreto para sus derechos pasivos estos once años, y medios de esta naturaleza daban á los hombres fama de serlo de ízrízVíi; Indudablemente Jorge- Manrique no tenía razón cuando dijo que todo tiempo pasado fué mejor, J. TuAN VALERO DE TORNOS DIÍ; UJOS DE ESTEVA.