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3 AS DEIy SIGILO PASADO i. T 1 X S- Z- L liSIS EN TIEMPO DE ISABEL II pSTABA el café de la Iberia en los bajos del antiguo Casino, y éste ocupaba el mismo sitio que ahora ocupan las casas desde el número i i ai 15 ó 17 de la Carrera de San Jerónimo. Era un café amplio, eminentemente político, mucho más concurrido de noche que de día, y tenía Coiiio desahogo para las noches estivales un patio convertido en jardín, que lindaba con la antigua calle de Gitanos. Así que se anunciaba una crisis, y las crisis se anunciaban con frecuencia inaudita, aquel café era el bolsín de la política, y á él concurrían los hombres políticos de primera fila á dar y á oir noticias y aun á hacerse ver, por si esto podría contribuir á que ¿os llamasen. Como no había reporícrs, porque sólo D. Manuel María Santa Ana, y algunas veces D. Ignacio José Escobar, podían llegar hasta los ministros y los ministrables; como Campo y Nava, fundador del reporterismo en España, era el único que monopolizaba las noticias, y aun éstas eran siempre recogidas de segunda mano, los políticos, los candidatos á subsecretarías, direcciones, gobiernos de provincia, y aun más altos cargos, solían hacer en el café de la Iberia oficio parecido al que hoy hacen los corresponsales en el chismófono. Decía Barrutia que el primero que olía las crisis, á pesar de ser muy chato, era Albiterne; y efectivamente, aún me parece estarle viendo con su sombrero d Orsaj un pantalón escocés á cuadros verdes y chaquet con carteras, en el segundo salón de la Iberia, asegurando que, aunque el marqués de Miraílores estaba muy resentido con la reina Isabel, había acabado por decir: Pobrecita; no podemos dejarla en la situación difícil que se halla, y voy á mandar recado á Mon, á Armero y á Sánchez Ocaña para formar la base de un Ministerio. -Mal se aviene esto, decía Pérez- Vento, con la afirmación de Armero hace pocas noches, cuando sostuvo que con esta señora no se fitede jnandar. Esta y otras, que entonces resultaban grandes imprudencias y atrevimientos, se decían muy bajo, porque, según aseguraba Pepe Díaz el poeta, el café estaba lleno de policía, y los sucesores de doií Francisco Chico, representados por Briones y por algún otro policía de los que sólo creo que vive hoy Zaquero, solían hacer que los diálogos atrevidos se acabasen en el Saladero. Kasabal- -no Gutiérrez Abascal, -sino el genuino Kasabal, que principiaba á escribir en La Época, y que lejos de estar como hoy dedicado al misticismo, era un Lyon de la política, discutía con José Lufs Albareda sobre la posibilidad de una concentración- -ya se conocían las concentraciones, -y José