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CUADROS MADRII. ENOS en corte, EXISTENdedos en Madrid: una del los Cuatro Caminos, otray en el extremo opuesto de la debidasená la calle Rodas, á lo último Rastro. Son dos bellas bienhechoras instituciones la iniciativa de una ilustre Sociedad, la Caridad Escolar, cuya obra silenciosa y magnífica merece ser ensalzada. Todos los días derrochamos tinta en alabar á cuatro ó cinco docenas de idiotas y nos callamos los nombres y los hechos de quienes inician pensamientos tan hermosos como el de las Cantinas escolares. Dos h a y no más en Madrid, y son poquísimas. Triste es pensar que en una capital de medio millón de ciudadanos sólo hay comida gratuita para trescientos niños de la escuela... Todos clamamos un día y otro contra el analfabetismo y la incultura. Todos pedimos á grandes voces que se reparta profusa y continuamente el pan de la inteligencia entre los menesterosos del espíritu. P e r o volvamos del revés la frase evangélica- -no- sólo de pan intelectual vive el hombre. Es imposible, es injusto exigir que se vaya á la escuela con el estómago vacío, y son muchos los pobres que piden, pero más los que no piden, los que necesitan el alimento material antes que el de la inteligencia. ¿Es creíble que haya sólo trescientos niños necesitados del beneficio de las Cantinas escolares en Madrid? ¿Dónde está la caridad, dónde la cultura, dónde el humanitarismo Dos cantinas escolares nada más! Bien decía el bueno, el humano maestro Blasco: este es un país cristiano donde la cristiandad verdadera, es decir, el amor al prójimo no parece por ninguna parte. Nosotros hemos estado en la Cantina de los Cuatro Caminos, hemos visto en ella cien chicos y chicas, guapos, robustos, contentos, admirables esperanzas del confuso porvenir de la patria. Y hemos reunido en un patio á ios chicos y chicas formando un lucido y regocijante montón de humanidad, y les hemos fotografiado cuando el sol pleno sacaba chispas áureas de las cabelleras rubias y azuleaba en los pelos negros de los motilones. Los cien chicos, como si comprendiesen el alto ejemplo que tratábamos de dar á los espíritus distraídos ó egoístas, se han estado un momento asombrosamente quietos, sin mover pestaña ni labio, y en su quietud y en el silencio solemne que en aquella pajarera se produjo al sacar la fotografía, hemos creído y querido ver una perspectiva halagüeña, porque bajo aquellas cabezas rapadas y bajo aquellas cabelleras de oro se nos ha antojado sentir la palpitación de los cerebros libres, lummosos, rescatados de la esclavitud, de la ignorancia y de la miseria. Si en esos chicos y en otros á quien en iguales condiciones se coloque no confiamos y esperanio. s, ¿en quién esperar y confiar? ¿En los viejos, en los caducos, en los fracasados? No, los que ahora empiezan á leer son la esperanza, si se les inculca otros sentimientos, si se les comunica otras ideas, si se les enseña otro lenguaje. ¡Ay de nosr aros si les enseñamos la cartilla de nuestras derrotas y el silabario de nuestra ruina! fOT. ASENJO