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A ésto se Iiailarou presentes con el protonotario don Luis, obispo de JMalLoi ca, don Gu ei an Alamán de Cervellón, gobernador de Cataluña; don Roger de Moneada, gobernador de IMalIorca, que eran camareros del rej- don Pedro de Cervellón, su mayordomo; Ramón de Lemenat, camareiro, y Francés de Aranda, donado de Portaceli de la Orden de Cartuja, que eran del Consejo del Rey, y Luis Aguiló y don Guillen Ramón de Moneada. Otro día, sábado, que fué tíltimo de Mayo, á hora de tercia volvió Ferrer de Gualbes ante la presencia del Rey con las mismas personas que se eligieron por la corte del Principado, y redujo á su memoria las mismas palabras, y respondió de la misma suerte; y el protonotario le liizo la misma pregunta, y le respondió lo mismo, y murió aquel día. Seis eran los pretendientes á la corona de Aragón. El conde de Urgell, biznieto de Alfonso IV por línea masculina; el infante de Castilla D. Fernando, llamado el de Antequera desde que tomó á los moros esta villa, nieto de Pedro II por línea femenina; el duque de Denia; el conde de Pradés; D. Fadrique, nieto bastardo del rej- difunto, y D. Luis de Calabria, nieto de Juan I. Tras largas y dificultosas negociaciones reuniéronse los Parlamentos, nombre que se daba á las Cortes ctiando se juntaban, no mediante iniciativa del monarca, sino por derecho propio en casos previstos p o r l a ley. El Parlamento de Cataluña convocado para Moutblanch, pasó luego á Tortosa; el de Aragón anduvo más despacio, por graves disensiones, la principal de ellas entre el obispo de Urgell y el conde de Pallas, juntándose al fjn en Alcañíz; en Valencia andaban tan estragados los ánimos por la lucha del gobernador Arnaldo Guillen de Bellera con D. Bernaldo de Centellas, que se nombraron dos mentas, uno en Vinalaroz, otro en Trahiguera; mas luego ajustaron treguas, acordándose, por último, que los representantes de Aragón, Valencia y Cataluña, presididos por el gobernador yjusticia del primero de estos reinos, se reunieran en Calatayud, donde todos los congregados resolvieron nombrar nueve compromisarios que, juntándose en el castillo de Ca. spe, habían de elegir el futuro monarca. Estos nueve, en quienes delegaron los reinos su soberanía para que en paz designaran quién había de personificarla, fueron: por Aragón: Domingo Ram, obispo de líuesca; Francisco de Aranda, cartujo, y Berengu. er de Bardají. letrado; por Cataluña: Pedro Zarriaga, arzobispo de Tarragona; Guillen de Vallseca y Bernardo Gualbes, letrados; por Valencia; icente Ferrer, Bcnifacio Ferrer, su hermano, prior de la Cartuja, y Ginés Ravasa, letrado; es decir, dos o b i s p o s tres frailes y cuatro letrados, c a s i todos de humilde origen; caso extraño en aquellos reinos d o n d e tanto poder tenía la nobleza. Todo parecía prev i s t o y ultimado para proceder á la elección, c u a n d o hubo e n t o r p e c i mieuto, pues Ginés Ravasa, que pasab a d e ochenta años, y a porque real y verdaderamente iserdieso la razón ó porque se fingiera loco, fué sustituido por Pedro Beltrán, que también era letrado y á quien los otros ocho desig naron. Habíase convenido que los nueve jueces oirían á los pretendientes, rep r e s e n t a d o s poi sus abogados, y luego de concluso el proceso darían sentencia, entendiéndose por íirme y valedero aquello que determinasen seis de ellos, por lo menos, con tal de que cada región estuviera representada por un voto. Resolución maravillosa y nunca oída- -dice Mariana- -que pretendiesen, por juicio de pocos hombres y no de los más poderosos, dar y quitar un reino tan importante. Por el infante de Castilla, D. Fernando de Antequera, votaron Fray Vicente Ferrer, su hermano Bonifacio, el obispo de Huesca, Bernardo de Gualbes, FranciscQ, de Aranda y Berenguer de Bardají; por el Conde de Urgell, el arzobispo de Tarragona y Guillen de Vállseca; Pedro Beltrán se abstuvo, declarando que no había tenido tiempo de estudiar á fondo el derecho de cada competidor. Esto pasó entre ellos secretamente- -dice Zurita, -firmando y sellando cada uno su parecer; y porque convenía que no se publicase entonces, se hicieron tres instrumentos con el prohemio y conclusión de mano de Bonifacio Ferrer, y se dio el uno al Arzobispo y el otro al Obispo de Huesca, y el tercero retuvo en su poder Bonifacio, y dióse á cada uno en nombre de su provincia, y fué un viernes, día de San Juan Baptista. Después que tuvieron ordenada su declaración, en nombre y conformidad de todos, deliberaron que la publicación se hiciese el martes siguiente, que fué á 28 de Junio, y ordenóse de manera por aquellos sabios varones que se hiciese con la solemnidad y aparato que se rec uería en el auto más soberano que se vio en grandes siglos. Hízose un cadalso muy grande de madera, bien alto, cerca de la