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CUADROS MADRILEÑOS L 0 gpReno ce u p 3 $3 cfl TT ESDE el momento en que el tiempo abonanza re sueltamente y la primavera ríe en los alrededores de Madrid, vénse muy de mañana caravanas de artistas concienzudos con la caja de pintar en una mano y en la otra cualquier complicado artilugio de esos que son al propio tiempo caballete, asiento, bastón para defenderse délos perros, etc. Son los conquistadores de la luz y del ambiente, los que intentan apoderarse del? ztfí ra sorprender los secretos de árboles y praderas, de aguas y de nubes. Ün partidas sueltas de uno ó do: aii niiiclios á El Pardo y á la Gasa de Campo: los hay tímidos ciue limitan stis audacias á recorrer la remotos altibajos de Camllejas y b Alameda del Duque. Este año, como en los anteriores, la primera excursión artística ha sido la de los aprendices de paisaje, discípulos del ilustre maestro Muñoz Degraín. En las expediciones emprendidas bajo la dirección de tan experimentado paisajista han tomado parte numerosos jóvenes y bellas señoritas, quienes han sabido aprovechar el tiempo de la manera más útil para el arte, de la única manera como es posible hoy liaccr algo mieiesante cu pintura, es uecir, trabajando al aire libre, recibiendo la impresión directa y cruda de la luz sobre los objetos, olvidándose en absoluto de que hay estudios cerrados y museos abiertos. Para el paisajista de corazón no debe existir más museo que el campo, ni más estudio que el aire libre y el sol plano; todo lo demás es pintar de memoria, hablar de oídas, oír campanas y no saber dónde; que en el estudio, entre cristales, no se puede sentir ni comprender más paisaje que el de los tejados, cuyos grandes maestros no son Velázquez y Claudio de Loreua, sino Micifuz y Zapiróu. FOTOGRAFÍAS L. ALONSO