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Mirad á aquel guapo mozo. Es otro primer papel de la comedia real. No trabaja en el escenario político: actúa en los salones. No es el barba de la compañía: es el galán joven. Pasa muchas horas ante el espejo. El arte de vestirse el cuerpo es para él como el arte de vestirse la conciencia para el cómico que hace el Alcalde de Zalamea. Este cuida SU cabeza para que parezca llena de pensamiento. Aquel la cuida para que parezca hermosa, porque con la buena figura más que con la inteligencia y con los ríos ha de dar cima á sus hazañas y conquistas. Compuesto y emperejilado se lanza á la calle para lucir su persona. Presencia, no oye, la misa en una de las iglesias de moda donde asiste el mujerío de fuste. No profana de hecho el sagrado recinto, como el audaz aventurero de Sevilla, escalaba los claustros para robar novicias. El moderno Tenorio de Madrid profana sólo espiritualmente la iglesia con sus miradas y guiños. Vuelve á casa, mtida de traje, y otra vez á su campo de operaciones: el paseo, la reunión vespertina. Y vuelta á vestirse y peinarse y perfumarse. Se embute en el frac, se pone la flor en el ojal, y al teatro ó á los salones. Murmuración diálogos picantes, algún enredo fácil, algún lance de honor sin consecuencias, y ya nuestro barbilindo está consagrado: es el hombre de moda. Ño ha guerreado en Flandes: no h? corrido en busca de aiuores y desafíos más mundo que el de los balnearios y playas elegantes: no trae listas de muertos, ni princesas burladas: no ha convidado á las- estatuas para cenar. Pero un día Tenorio aparece prosaicamente casado con una muchacha opulenta ó una viuda rica ó la hija de un gran personaje, quien convierte al yerno en personajillo. Y he ahí al galán joven colgando la espada y quitándose la airosa capa con que h a hecho su papel, para vivir en el dulce sosiego y comodidad del vulgo encopetado. a p m dm W Margarita Gautier tenía la tisis en el pecho; pero más adentro, en el corazón, tenía un rinconcito sano donde se refugiaba un amor, si no puro, á lo menos fuerte y desinteresado como el de una buena muchacha. Ea moderna dama d é l a s camelias tiene, por el contrario, tísica el alma y el pecho robusto y hermoso como el de una estatua. A ser de otra manera, se la declararía inútil para el servicio en estos tiempos en que el amor no se prenda de esplritualismos románticos. Mírala. Es la hermana carnal de Don Juan Tenorio. Como él, se viste y desnuda siete veces al día. Como él, se exhibe calle arriba y calle abajo, recostada en su coche. Como él concurre á paseos y teatros, á todas partes, fuera de los salones. Se hace amar, no ama, al uodo del amianto, que pasa ileso entre las llamas. El desorden es su régimen: gasta más que consume y deiTocha más de lo que luce, uerda lo de ayer, ni piensa en lo de mañana. Vive para lo presente, para el momento representación. Es la actriz cómica, obligada á divertir y hacer reir; y se divierte y ríe, ríe y aparece alegre y triunfante. Pero ¡ay! tiene también su drama: un drama para ella sola, callado y secreto, porque si lo viera el ptíblico se aburriría. Y al recogerse, después de las noches de crápula, en su alcoba solitaria y en su corazón más solitario todavía, al desnudar su cuerpo de sus sedas, blondas y encajes, y al desnudar su cara de colorines y su boca de risas forzadas, mirándose al espejo como la cómica al soltar sus disfraces, piensa en la comedia y en el público y en ella misma, y se entristece, y tal vez Hora la ¿Por qué? ¡Teme encontrarse frente á frente con la primera arruga ó la primera cana! Serían como la silba para la comedianta soberbia. Ea retirarían de la escena. ¡Pobre Dama de las Camelias, adornada interiormente con pasionarias! DH; i: JC) 5 D E V. i. REl- A EUGENIO S E E E E S