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ICES que los escrúpulos de la conciencia, que los respetos al padre predicador que condena el teatro como lugar de perdición y cátedra del vicio, te vedan asistir á los coliseos? N o t é habríau aconsejado tal cosa si vivieran, fray Félix I,o pe de Vega, ni el capellán D. Pedro Calderón de la Barca, ni el padre Gabriel Tellez, los cuales, sobre ser tan reverendos clérigos y tan sabios moralistas, por lo menos, como los de hogaño, escribían comedias tan alegres de cascos y dramas tan libres de asunto como los dramas y comedias que están infernando á la sociedad presente. Está bien: cumple con tu conciencia y obedece al confesor. jDices que los apuros de t u bolsillo y la penuria de los malos tiempos te privan, entre otras mas dolorosas privaciones, de asistir á los grandes teatros, encarecidos por sus propias necesidades, y más por el imperio de la moda? Bueno. Harto trabajo tienes, y no h e de ser yo quien te los aumente. Conténtate, pues, con esparcir el ánimo una hora suelta en cualquiera de los teatros donde se economiza el dinero y el arte. ¿Dices que tú. fiel enamorado de la verdad, huyes de dramas y comedias por no soportar la embustera falsificación del hombre y de la mujer, que dramaturgos y comediantes intentan pasar por moneda legítima y corriente del sentir, el pensar y el decir del ser humano? En paz. No reñirernos por teorías, como reñían de muerte nuestros candidos abuelos por uña ú otra Constitución política, sabiendo que ninguna había de traerles lluvia en tiempos de sequía. Y ahora, tú, el pobre de libertad: tú, el pobre de dinero, y tú, el pobre de poesía, venid, y sin pecar el primero, sin gastar el segundo, sin teorizar el tercero y todos sin molestias ni apreturas, asistiréis conrnigo al teatro más ejemplar, más verdadero, y á la vez más cómico ó más trágico que haya existido en el mundo: como que es, el teatro de propia vida social. Representan en él actores sin disfraces, pelucas ni coloretes, á cielo raso, en calles y plazas como los histriones de la antigüedad clásica. faímlóflpTnlaTnm. El gran personaje de Calderón representa la jtisticia inflexible, la verdad implacable, el derecho mantenido contra el atropello, la autoridad firme contra la fuerza, el deber cumplido sin miedos, el hombre público que puede apetecer la política honrada, combinación bien compensada de los derechos y los de beres sociales. ¿Quién lo representa en la política actual? Ved á aqu. el señor grave. Apda tieso y con pausa: mira alto y con desdén, habla bajo y con misterio si está en confianza: á voces y con altisonancia declamatoria, si está entre ríjcdia docena de bobalicones, auditorio cortesano que le oye como á oráculo infalible. Echa por la boca vulgaridades con tono de sentencias, 3 sapos y culebras contra las intrigas, ruindades, injusti cias y compadrazgos de la política y de los partidos. Endilga discursos á cada paso, y siempre en círculos pequeños, porque su fuerza oratoria no alcanza á mayores auditorios ni más grandes empresas. Y hay que oír las catilinarias de su indignación y la verbosidad de sus planes. Todo por las ideas; todo por la patria. Sin djada conoce á fondo los males y sus remedios; porqué ha sido sucesivamente diputado, director general, senador, ministro. Pues védle ahora entre bastidores. Ha salido del escenario, donde fué dipiitado sin votación, director por intrigas, senador por amistad, ministropor gracia, nada porjusticia. Es un infeliz, que no tiene ideas ni donde concebirlas, y con el solo talento de lo práctico, que es, en verdad, el talento de los vividores políticos. Recita su papel de dientes afuera. Sabe de sobra que él no es el personaje que representa. Pero ignora que también lo saben los espectadores. Y detrás del uniforme, que es su disfraz: detrás de las bandas y veneras, detrás de la declamación ahuecada, las gentes ven al cómico que trabaja por ganarse la vida, como detrás de la peluca del barba el espectador conoce al artista que atruena con sus imprecaciones heroicas, ó enternece con sus lágrimas por ganarse el sueldo diario. El publicóse ríe de nuestro personaje, cómico involuntario que no dice el chiste, pero lo inspira á los demás. Acaba de representar en vivo al Alcalde de Zalamea, y desde su cuarto se va á cobrar las pesetas que le Han valido sus lamentos por la justicia y sus defensas del derecho. o