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CUADROS MADRILEÑOS L 0 $O TD 06 Oe ccPOR ALLÍ flBgjO JWl UCHO han cambiado cosas y personas en Madrid desde los tiempos de la GitaniJla cervantesca. Tenían entonces su rancho los gitanos madrileños en los campos de Santa Bárbara quetcaían por lo alto de la calle de Hortaleza. H o y lo tienen en el tenebroso y poco explorado barrio de las Cambroneras y en el barranco hediondo y dantesco de las Injurias. Desde allí se corren, formando movedizos aduares nómadas, por los pueblos de los alrededores de la corte, pero sin alejarse mucho. Cuando más, se alargan hasta la Villa de! Prado ó á Cadalso de los Vidrios; tal atrevido h a y que llega con los asnos y la familia a l a s ferias de Illescas y de Mora, pero pronto se antecogen á los barrios de por allá abajo donde á pesar de vivir mezclados con populacho y gentuzas no pertenecientes á stt antiquísima y pura raza, saben llevar vida independiente y original, no perdiendo por nada de este mundo su carácter, ni olvidando su idioma, ni abandonando sus costumbres y el pergeño y aire de sus vestimentas. Los gitanos madrileños viven rodeados de tipos feos, indolentes y de habla afectada y gutural, como los organilleros, randas y guripas habitantes hacia Mira el Río, Tríbulete, Santiago el Verde y la Peña de Francia, y ellos conservan su lenguaje dulce, cadencioso; sus grandes ojos í aterciopelados; su expresión enigmática en las mujeres, l a d i n a en los nom- brts, bestialmente curiosa en los chicos. Entre los gitanos de Madrid no hay muchos que se dediquen á cuatreros ó corredores de caballerías, y esa familia que veis en guisa de marcha por los llanos de la Manigua y del Pico del Pañuelo, allá entre el paseo de la Chopera y el de Santa María de la Cabeza, no lleva intenciones marcadas de causar daño en las caballerizas. No: estos g i t a n o s d e Madrid están muy adaptados al medio, y se dedican á cultivar y perfeccionar los procedimientos del timo, asociándolos con sorprendentes combinaciones de Cartomancia, Quiromancia y Magia blanca, negra y de- otros colores. Así explotan los inocentes amoríos de las doncellas y cocineras, las avaricias inconfesables de las viejas rentistas y usureras y las rarezas de los cien mil y pico tontos que debe jie haber, por lo menos, calculando aproximativamente y á malatcuenta, entre ei medio millón largo de los habitantes de Madrid. FOTS. D E ASENJO 41