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DISCUSIÓIÍ ORIGIEAL Sn la casa antigua y n aa de don Bernabé Calleja, ouyíi esposa era una olej a con pretensiones de ahiaa, hablaban sin cortedad don Bernabé y don S ancraclo (guien también tiene un palacio de remofa antigüedad) acerca de sus reuniones y de cuándo principiaron, y los dos rioalizaron en las exageraciones. -Xlesista usted de su empeño uno al otro le decía) jSi en mi casa ya lela versos Srilo de pequeño! ¿y eso es antiguo? ¡Bah, bahl a ff atti, según mi abuela, cuando era una mocosuela cantaba en mi casa ya. -íPues yo, en cambio (á oer si pasa) tengo datos fehacientes de que 2 ach echó los dientes tocando el piano en mi casa. así creció el altercado de ambos viejos, hasta el punto de que, apurando el asunto, uno exclamó ya cargado: -S ara fiestas en Madrid no hubo casa cual la mía. ¡Como que en ella solía tocar el arpa 3) avidl- 3 ah! ¡Qué Savid, ni qué berza! ¡Vo sí que tuve á Sansón distrayendo á mi reunión con sus trabajos de fuerza! -S s a s son baladronadas (dijo el otro) Ss positivo, según consta en el archivo, que en una de mis veladas estuvieron jldán y Sva vestidos de milicianos, haciendo juegos de masaos con una baraja nueva. -Qreo en sus afirmaciones. Pero mi esposa Pilar, ¿en dónde empezó á cantar sino en mis grandes reuniones? -S i es así, don Bernabé, dejemos la discusión. Me doy por vencido. Son mds antiguas las de usté. J U A N P É R E Z ZÚÑIGA