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M: iR si B f l U s íLiiiaba al rey Habió, ¿üte pe- rmaí i c d a íiKlifertnte, ¡ú parecer, ú los encantos tlí su amijía En ninjíuna ocasión dirigió Salomón á Relkis UIT: I frase de amor. N i cuando solo? en la n o c h e miraban desde la alt, i torre parp a d e a r las estrellas, ni cuando el 50I mezclaba sus sombríis sobre el césped d e los i ardidcs. ni cuandu en la sala d e cristal, maravilla del p; ila CÍO salomónico, parecían sumerípdos ou la Iran pareucJ; d e un layo, en ü í n g n n sito ni en nnigún itistante pareció Salomón a m a r á Bclkis, y ésln veía crcc ír su í n M í z pasión, ííín esperar consuelo alguno. D u r a n t e alj runas Fcujanas fne mujer, fu ¿desgraciada, y t u benunüura, antes impasible como l a d e los dioses, se buniauizó con el dolor. E n media de la p e n a vio llegar Bílkís el día de su niarcba. 1... l f 1 T i l i i -í T 1 i e d o íi laíi aves y a ios insectos tju Y lleg ido el último di i, Belkis se despidió d e Salomón al pie d e la esc alera. El a m o r apretaba con dogal de angustia la alabaístrina íjarganta de Ui. reina, su voz temblaba, su corazón latía aescoiupuesto. y eu los hondos ojos el llanto asomábase, e m p a ñ a n d o las pupilas, Belkiíise aprestaba á subir al carro cuando Salomón, deteniéndola suavemente, le dijo: t; Üh reina de Sabá! i Mil veces bendij o á mi Dios y Señur que te p e n n l ó llej ar A Jerusalcn jOb líelkis! ¡Ya p u e d o morir tranquilo p u e s mi espíritu se recreó con la perfección d t tu belleza! V qiieriéndote pajjar con alíío este don sublime q u e m e hiciste, deseo concederle l a g r a d a q u e ansies. P i d e sin temor, mi p o d e r es g r a n d e más a ú n mi ansia n servirte. ¿Qué quicre. s? Clavando el dardo de sus miradas en los ojos de ííalomónn donde parecía brillar u n a luz de amor, Belkis m u r m u r ó Rey míOf n a d a quiero. Mas ya que mi iiemio sura lia íiido fuente de diclia p ra ti, concédela que p e r d u r e y no se marchiten que acompañe mi ida lod: i, para qne así, cuando yo unera p u e d a n decir l s geutes; Kué siempre bella, p o r q u e Salomón ia m i r ó con agrado, Oyendo esto, el rej- ibio se acercó á Belkis. Rogó un instante, sn labios recitaron a l g ú n maravillos o ¿njnro, y después, pasando sus manos sobre loj; ojos d e Belkis, dijo solemnemente: No llortís y a p o y a n d o en seguida l a diestra sobre ti corazón d e la enamorada, ordenó: i N o ames A. 1 m a n d a t o del tey se evapuraTun las lágrimas próximas á brotar, y las pupilas do; Bclkis Uicifron puras, r a d i a n tes, alejadas por siempre d e ellas las p uas y los dolores. V el corazijn, obedeciendo á la mano del mácíeo, ritmó su movimiento y latió tranquilo, acompasado, sin alterarse por el amor y la pasión, que h u y e r o n p a r a n o volver j a m Belkis, serena y Sünríeute, subió en el carro. Sobre el blando tapiz las r u e d a s rodaron, alejando A la señora d e S a b á q u e ni irehaba ¿s u reinon sín v o l v e r a t r á s la. vista. Y mientras l a reina indiferente s e p e r d í a á lo lejos, dos griiesas lágrimas redondas y cristalinas se desprendieron d e los ojos de Salomón, y resbalando por SU rostro se ocultaron en el rizado torrente d e su barba. MAUJÍICTO HlDUJOa DE B- KlHÜEJÍ 1. ÓPEZ