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Aücinoh, escucha dijo B d k í s D d írnipo se ftestacó un linuibre pAHdo y alto vestido con largo túnico i iil. S o b r t MI pecho serpenteaba unn enorme cadena de oro. Arrodillado apruNimósc á ítclk. ís, y ya j u n i o á tila he ó devoto el extremo d e la sandalia real q u e empedrado d e esmeraldas lucía sobre el mosaicodél pavimento. M a n dadme, dulce y bella señora- dijo IiicíTO. Atiende, fiel Aneinoli. HI rey Salomón me líaraa á su reino, á esa Jeruí alén misteriosa, d o n d e dicen laj; K nteH que se elevau palacios y icmplos espléndidos. Como deseo que mi llej ada sea tan magnífica cUíil corresponde á mi poderío le ordeno que disponj as de de a h o r a cuanto sea preciso p a r a q u e el lujo de mi sequilo eclipse ó iguale el boato de la corte salomóniea. Aucinoh besó otra ven; el pie d e la soberana diciendo; -S e r í i s obedecida, h c n n o s a reina, i l ero JJelkis. sin atenderlcn trazó r á p i d a m e n t e al uuos caracteres cii un papiro, y dándosele A Ancinoli. añadid: Esta es mi respuesta á. Salomón t i abio. Que un mensajero parta al instante para entregar al rey mi misiva. Y vosotros, concluyó dirigiéndose á los demns sir ientes. corred, apresuraos, preparad vestiduras, pulid metales, abrillantad arneses, discurrid adorno, verted perfumes en -ucstTOS trajes, sembradíos d e gemas preciadivs, pues la reina Belkis va á -isitar á Salomón el g r a n d e y no quiere que en el reino de Sabá quede u n a flor q u e embalsame ni uua piedra que chispee, mientras ella esté ausente, Cumuigo vendrán todas las fni íancia- s. lodos los colores, todos los reflejos, acompañando, esclareciendo y aromatiyando mi hermosura, q u e irá en medio de ellos m á s resplandeciente q u e cuantos esplendoreíi la h a u de rodear. Id. Los scr idores desaparecieron rápidamente, en t a n t o que la reina d e Sabá. acodándo. -ie en la balaustrada de la terra; ía y r i e n d o desaparecer al eniisario entre las s o m b r a s d e la y a cercana noclie, m u n u u r a b a lentamente: Salotnón, Salomón. 11 Desde lo alto de la escalera d e máruiol del palacio de Salomón, hasta perderse en lonlananían ie extendía el tapiz que el rey sabio hizo colocar para que la reina Beltiü hollase p ú r p u r a y oro en vez de arenas y guijarros, l as a b a la alfombra por las calles t u m u l t u o s a s de Jcrusalén, cortaba laí. amplias placas, franqueaba la. 4 murallas y alejábase de la ciudad, dejando atrás el blanco caserío, cruzando puentes, atravesando bosques tspesojí y verdes irados, liasla estrecharse y reducirse á un hilo casi impereepUble, que en la lejanía serpenteaba por las ladera. de os montes, eurojeciendo el perenne verdor de los cedros. P o r aquel s u n t u o s o sendero h a b í a d e llegar la rtiiia d e S a b á ante Salomón, y i5 ste, para aíladir esplendores n u e v o s a los innumerables de su corle, hizo levantar j u n t o á su palacio dos murallas q u e aprisionaban el camin o alfombrado. U n o de aquellos muros era de plata, v reflejaba el primer rielar de la luna naciente; el otro era de oro é inflamábase con los últimos rayos del soL Al pie de ambos sujetó Salomón con cadenas de pedrería á infinitos y raros animales de formas cxtraiías y p a r a d ó j i c a s á maléficos espíritus que sojüzj; aba con su anillo, y á f; cnios y demonios que le obedecían y acataban. Las apariencias irreales d e aquellos monstruos se copiaban en as pulidas paredes, y sus saltos, sus contorsiones y sus muecas, duplicadas en el espejo de los metales, creaban ü u a cuádruple fila d e seres asombrosos y fantástico. s. A n s i a n d o Salomón demostrar á Belkis que su poder alcanzaba á todas las criaturas, dispuso que las aves más p i n t a d a s 3 los insectos m á i lindos aplicaran sobre las murallas la majjia de s u s matices, y obedeciéndüie, los Í