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XJK FXJiíiLIDO D E O E- O -Así no lo quiero. -Haces bien: que es en nosotros escándalo y fuego que quema. H a y que ser pávidos y saber apegarse á la tierra que no es de nosotros... Pasaba la gente á su labor. ¿Qué hacéis, haraganes? ¿No ibais por juncia? ¡Vaj- a un par de mostrencos para ir á jornal! -No rechistes, querido: déjalos que digan, que Dios sabe lo que hacemos. ¿Tienes hambre? Cómete el medio pan, que para ti lo truje. Iba el sol muy alto: tres veces mudé de sitio á la burra, que repelaba el vallado. E n los sembra- -D i o s n o l o qiícdrá. -Los pobres nos vamos, los otros se quedan... dos cantábanlas escardadoras y yo veía entre las ¡Ay del que tiene que amasar el pan con sus bra- mieses el colorín de sus zagalejos. En parejas negras pasaban los cuervos en lo alto del aire. zos! ¿Por qué será esto? ¡No viene ese hombre! -Porque Dios quedrá. ¿Pensáis que el dinero se- -Cuando eche de menos lo que perdió, se quehizo para nosotros? Kos asusta verlo; nos quema las manos y el alma, como un ascua de leña de dará sin pulsos. Mira allá abajo; ¿no ves? -Un poco, de polvo. encina... No es para nosotros, no. -Ese hombre es. Viene al galope, y sin pararse, ¿Tú lo has tenido? -Una vez lo tuve, y metidas las manos en oro todo lo registra. Llegó hasta nosotros: traía la cara más blanca m. e sentí quemarme. que un cirio de cera: el caballo venía llenito de- -Eso fué en sueños. una espuma sucia y traía los ijares sajados como -Más despierto estaba que ahora. un pedazo de carne que quieren asar. Con el cho- ¡Hará mucho tiempo! -Un zagal era yo todavía. Fué una mañana rro de aliento me mojó la cara. -Buen hombre- -dijo, ¿está aquí hace mucho que íbamos por juncia: mi padre, montado en la burra; yo detrás, llevando el hocino. Medio pan tiempo? -Desde esta mañana al salir el sol. llevábamos por junto. ¡Cómo verdeaban los triga- -Por Dios y ni vida, ¿no habéis hallado algo les, cómo olían los balsares, más blancos que los paños de lino que hay en la iglesia! Una alondra en el camino? -Sí que hallé una cosa: ¿qué señas tiene? pasó cantando en lo alto, y mi padre dijo: esa ya- -Un saquillo de tela de cáñamo con u n a cruz comió. E n el apartadero del camino que va al Fontanal, vimos un saquillo en el suelo. ¿Qué negra, pintada. ¿Y qué lleva dentro? será eso? Cógelo. ¿Pesa? Si pesa, es dinero. -Monedas de oro, y en un. papel una cuenta. -Pues, dinero es. Abrílo y revolví sus entrañas. -Este es. Tómelo, buen hoinbre, y de provecho- -Es oro, padre. ¿Oro? Pues déjalo estar. No te quemes, mu- sirva. -No es mío, es del amo, y con este saquillo se chacho. me cayeron la vida y el ánima si no doy con gen- ¿Y habremos de ir por juncia? ¡Qué habíanlos de ir! Ni por juncia ni á casa. tes honradas como vosotros. Pensé ir á la cárcel H a y que aguardar aquí al que perdió ese dinero. y que allí se me pudrieran los huesos... ¿Qué os Pudiera costarle la vida, si es para un pago... Si daría, si soy otro pobre? -Si lleva usted pan, es bastante: porque mi paes memorioso, poco tardará: si lleva fanfarria en los sesos, buscará más tarde y tendrá más ahinco. dre no ha comido. -Pan llevo y además otras cosas. Deja el saquillo y amarra la burra donde h a y- ¡A la paz de Dios! hierba fresca, al pie del vallado. ¡Que Dios os ampare, según sois de buenos! -I O que usted quiera, padre. ¿No es nuestro el- -Vamonos nosotros, hijo. H a y d í a p o r delante. dinero? ¿El hallazgo no es nuestro? -En yacija honrada nacimos, más pobre que Comida y descanso llevamos, y alegría por dentro. Y nos fuimos para el Fontanal á segar juncia; un pajar: fuera del hambre y el frío, ¿has visto mi padre montado en la burra: yo, detrás, llevancosas. que- duelan y quiten el sueño? do el hocino... ¿Hay otras cosas, padre? JOSÉ NOGALES- -Muchas. Y las trae el dinero que á otros se DIBU. 0 DE 1. FRA CÉS quita, que con la sangre de otros se junta. G E I S noches lleva el guitarrero acompañando á los quintos: de día, en el trabajo; de noche, en la ronda. No sé cómo cantan. Su jornal le pagan: ¿no habían de pagarle, si es pobre, y está hambriento y desnudo desde que nació? ¡Otra copla, Carillo! ¿Eh, se duermen los dedos? ¡Malhaya el dinero, que á unos les sobra y á otros nos falta... Por faltarnos, nos vamos allá, donde manden, donde quieran otros; á pasar amargores y quizá á dejar la pelleja tan lejos, tan lejos...