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Toros en Portugal P UEDE declarar un español que no es aficionado á nuestro espectáculo más nacional? ¿Y por qué no, si la autoridad del Sr. Maura, con ser tanta, aún no nos h a prohibido la expresión de este pensamiento? Así, pues, yo declaro que no soy aficionado á los toros. N o obstante, si la ocasión se presenta, si el padre Fabo esplende en el sereno azul, y el ambiente es de primavera, y suenan en mi bolsillo algunas pesetas, y un amigo inteligente m e brinda con su grsita compañía, yo rindo mi homenaje á la clásica fiesta, y voy á la Plaza, y su animación me anima, y su alegría me contagia, y chillo, y comento y discuto los lances cual corresponde al buen aficionado... Esto es precisamente lo que no pude hacer, aunque también m e l ó propuse, las dos ó tres veces que presencié en otras tantas plazas portuguesas corridas de toros ó, por mejor decir, touradas á la usan- 1 Sj Sír 5- 3 S- 7.0. del país. Simulacro poco interesante, escaramuza antiartística para el buen taurófilo amante de las glorias del toreo, tiene mediano interés para el viajero que sólo á título de curiosidad las contempla. Salvo los lances de capa, que son los mismos en los dos idiomas- -bien que el lenguaje de la capa debe de ser universal, -las corridas de toros en Portugal y en España son t a n distintas, que pueden presentarse como argumento aplastante contra la suspirada unión ibérica. Protegido por la y, el noble toro no puede ser en ortugal sino corrido y atontado; nunca el hierro homicida entra en sus carnea, ni pueden pasar de simples é insignifícantes pincha- I LOS CABALLEROS E N PLAZA CON SU CORTEJO