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CUADROS MADRILEÑOS UNA MANIFESTACIÓN I f NA larga, triste y dolorosa experiencia h a llegado á conven cernos, á fuerza de golpes, de que en esta M. H. Villa, y Corte no h a y personas más sensatas y mejor dispuestas para la vida que los admirables seres á quienes nuestra trivialidad ha bautizado con el denigrante é insignificativo mote de ¡0l f 0 S. A medida que los grandes, los mayores de edad, y más aún los viejos, van cometiendo tonterías y ridiculeces en público, vemos á los golfos imitarlas y ponerlas en solfa, y no y a sólo por el instinto imitativo propio de los s i- mios, como han dicho y propalado calumniosamente algunos observado es de á perro chico y psicólogos d e á real y medio la pieza. No: el mono imita torpemente, poseído por la admiración: el golfo imita satirizando, es y generalmente lo hace con gracia. Todos los madrileños recordamos el donaire y la perfección con que hace algunos años, cuando fse generalizó la ciclomanía, imitaban los golfos! a corneta neumática, el timbre de alarma y hasta el ruido especial de la bicicleta. Había tardes, en las calles del Príncipe y de la Cruz, en que cerrando los ojos hubiera podido el transeúnte creerse amenazado en todas direcciones por tan i n c ó m o d o s ratos. Aquella ma- III1 pasó; hoy no és 1 ista nadie más que uelo necesita para Slf S ¿ÍM m su salud ó sus negocios, y los golfos han tenido otra porción de cosas que imitar Hace pocos días presenciamor u n a manifestación K V 4 A 1 B- ÍÍ Sii ijg E seria y admirablemente organizada por el Rispis, el Tonete, el Chanela y otros amigos de ocho á doce años barrios bajos. El organizador, jefe y leader del movimiento, había hecho de papel una cosa que tanto podía parecerse á un gorro frigio como á un pimiento de los de asar, pero una vez encasquetada tan maravillosa prenda, la autoridad de su poseedor resultaba indiscutible, demostrándose una vez más que no hay nada como saber ponerse á tiempo gorro, sombrero, casco ó cualquier otro atavío de cabeza para imponerse á las muchej dumbres. E. stas, representadas por los colegas y ya admiradores del chico del gorro no tardaron en elevarle sobre el pavés, que era una banasta, 3 hubieron de pasearle en triunfo por el barrio, entre las risotadas de las comadres. Por desgracia, los tiempos no están para andarse con bromas. La manifestaLión carecía de autorización gubernativa... y deautoridad moral, y cuando d o r a d o r se hallaba más entusiasmado con su triunfo, la presencia de dos glándulas dio al traste con todo el entusiasmo: la muchedumbre se disolvió, cayó al suelo la banasta, y el leader demócrata se hizo dos ó tres chichones. Y gracias á que la instantánea tuvo la precaución de recoger tan trascendentales sucesos. t F O T O G R A F Í A S MUÑOZ D E B A E N A E MBt Sl i I- U j y J. wl