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Ua subasta de Susana C i -A ya no es u n a n ¡ri: i chica. Pronto va á cumplir treíí años. No t a que A los tres afioR sea uno viejo, peto ya s t Ucntn ideas concretas de m u c h a s cosas y se posee lo q u e las persona. m a y o r e s ll.i man rmrjpivi; es decir teíilarudez- Cuando Sni aiia li. t t o m a d o u n a decifliáu cualquiera, sin s a h e t por quú la ha tomado, no quiere volven e atrás ni á tres liiouesL en suma, es muy temosa. Ademán tiene otro defecto: el d e trepar por lodovS los uiucbk- s. Se pierde la cuetit i de las veces que ha caído al suelo, a r r a s trando tras sí fa silla ¿la b u t a c a q u e imprudentemente h a b í a querido escalar. Otra cualquiera se hubiera corregido de tan funesta manía: ella n o Y a h o r a vais á v e r l a s desí racias q u e p u e d e acarrear la a. sociacióu d e d o s defectos tan Tavcs como la testarudez y l a pasión d e las ascensiones. El otro día S u s a n a se hahfa subido en u n a silla del salón. S i s e hubiera contentado con s e n t a r s e como u n a persona razonable, á m i r a r el ¿Ibnm colocado eu la mesa, nadie la habría dicho palabra. Pero á S u s a n a n o la divierten los retratos ni las estampas, por bellas q u e sean: al cabo de un minuto, y a h a b í a arrojado al suelo el libro, y arrodillada en la silla se entretenía en balancear MU jarrón con llores colocado al alcance d e su maiio- ¡Cuidado, Susana- -le dijo su maui 4, -q u e v a s á romper el jarróul S u s a n a no hizo caso- Me h a s oído? -repitió la maniá. -Te dijro que vas á romper el jarrónSusana, sin v o l v e r l a cabei- a, repuso: -S I LO JÍOMPO- LO PAGARTE. Q u i e n h a b í a podido suj erirle t a n insolenta respuesta? Semejante manera de hablar no es eo. sa corriente en aquella casa, en q u e los criados son atentos y corteses. Lo malo es q u e en el piso d e a r n b a h a y u n a cocinera terrible q u e se pasa el día vociferando, al p u n t o d e q u e m u y á m e n u d o c 3 preciso cerrar las v e n t a n a s para que sus desaforados gritos o UcR Ucn á oídos de la niña. Sin d u d a alíjún día en que las v e n t a nas se hnillaban abierta. la tal mujerona Ai 6 aquella contestación á su stñora, dcspu ¿3 d e h a b e r roto un plato. S e a como sea, la uiamíi de Susana estaba toda sofocada por la impertinencia d e su hija, cuando. -ipjitapliimí El j a r r ó n la silla y S u s a n a cayeron al suelo: el jarrón, naturalmente, h e c h o ailieos, la siUa despatarrada, y Susana con la cara como un tomate, pero sin rechistar, porque eu casos tales, ya sea porrpie el scnlimienio d e su f á l l a l e impida quejarse, ó porque la emoción le prive de lágrimas, Sus a n a no llora jamás. E n aqut l momento llega el p a p á y se entera d e lo ocurrido, -Hucno- -dice con frialdad. Ks m u y sencillo: Svisana ha declarado que si rompía el j a r r ó n lo p a g a n a Lo h a roto; q u e lo p a y u c á no ser que, arrepentida síncerauienle de su desobcdíenciaj pida perdón en sc ida, S u s a n a se m u e r d e los labios. La mamil se acerca y la dice: