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LA FLOR DE LA SIERRA ¿n cierfa villa humilde hay un maesfro de escuela que ha escrito un himno á España lleno de pafrio ardor, y porque sus discípulos le oanfen, se desvela sus notas repitiendo con paternal amor. Los niños le circundan, y él, con aspecto grave, por cima de las gafas contempla el cuadro aquél, impóneles silencio, y canta con voz suave en tanto que los niños se están mofando de él. Isos mozos de la villa se van aprojíimando J ara oir con sorna y burla del maesfro la canción, y el viejo, de alma de ángel, prosigue así cantando, ccn voz que á la garganta impele el corazón: España su cabeza recuesta en los sillares de un monte que separa su suelo del francés, y entiéndese su cuerpo cercado por dos mares que se unen á sus plantas para besar sus pies. Sus montes asemejan petrificadas olas que alzan sus cumbres altas del uno al otro mar; rico verjel guarnece las costas españolas y, á trechos, en Castilla le vemos verdear. Siento, España, mi sangre brotada de tus mi eses, nacida de fus aguas, fus frutos y tu sol, yo gozo con fus glorias, yo lloro tus reveses, y lafe en mis entrañas fu espíritu español. ¡Tú eres más que mi madre, soy parfe de tu vida; me diste á luz y aún sigo viviendo siempre en f E 1 día en que yo muera, fu fierra bendecida cual maternal abrazo ha de llegará mí! Isas vecinas del pueblo, que ya lo saben todo, murmurando del viejo, ejcclaman al pasan- ¡El sueldo que le damos adquiere de este modo! ¡Qué faifa hace á los niños que aprendan á cantar! En tanto, el desgraciado repasa nuestra J isforia y quiere sus grandezas de nuevo remover, y canfa nuestras lides y ensalza nuestra gloria sin que la chusma ruda le acierte á comprender. Y canta y canta el viejo en tanto que le abruma del vecindario inculto la burla genera! como el árbol que al hacha que le astilla perfuma, el desgraciado viejo devuelve bien por mal. Su alma es la flor que nace de la sierra en la altura, embalsamando al cierzo que al fin la hará morir, que en soledad perenne consume su hermosura viviendo en la inconsciencia completa de vivir. Cuando contemplo quienes los altos puestos llenan, los recuerdos del viejo me asaltan en tropel, del himno las estrofas dentro de mí resuenan y me ciegan mis lágrimas al acordarme de él. RñFñEb TO R ROMÉ DIUUJO L) E J. FRANCÉS M, sas