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fiestas primaverales. Celebrábase con gran regocijoy algazara, se invitaba á presenciarle á todos los amigos y conocidos del dueño, y éste se desvivía por atender y agasajar á sus invitados. Estos patriarcales hábitos van perdiéndose, pero aún el esquileo constituye una gran alegría y una preocupación importante en las comarcas donde la riqueza lanera es importante. Antes de pintar el día salen los rebaños á pastar ordinariamente, pero el día del esquileo, las reses quedan sujetas á una prud nte vigilia; y si se les saca del corral es sólo para que den un paseíto y se descorreen. Así resulta que al volver á los corrales muy de mañana, los animalitos vienen balando de hambre con no menor desconsuelo que el de los paseantes forzosos de la calle de Sevilla: Después se habilita un cobertizo ó porche cerrado con zarzos y en él se mete cuantas ovejas quepan y algunas más, bien apretaditas y algunas patiatadas, para que suden y tengan la piel bien dispuesta, ba. jo la lana, á dejar escurrir la tijera. En esto llegan los esquiladores, qiic suelen ser gente decidora y maleante, maestros en dar vaya á los pastores y en echar coplas á los amos y á las- autoridades ó personas graves y prestigiosas allí presentes. Pronto las infelices ovejas, panza arriba, van dejando su vellón, no entre las zarzas, s e gún la expresión bíblica, sino entre las manos de loSjCsquiladores, quienes, semejantes en todo á los que esquilan á la humanidad, ó dígase á los barberos, no dan paz á la l e n g u a un instante. Al compás de las tijeras menudean las c a n c i o n e s llueve el vino en cololue no en vasos, y cuando ra, manejada por un puño vacilante, causa algún rasguño, antes que el cliente lance un balido, 3- a está gritando el culpable: ¡Moreno! -y á este grito cabalístico acude con gran solicitud un galopín portador de una batea ó cazuela llena de ceniza, con la cual se restañan las heridas más graves en el linaje ovejuno. Esquiladas ya, las ovejas manifiestan su satisfacción con admirables desperezos y graciosas carreritas. Después se procede á empegarlas, ó sea á ponerles en el anca el sello de la ganadería aplicándoles un hierro untado en pez, y cumplido este requisito, ovejas 3 carneros vuelven al pasto con mejor apetito que nunca. i a s ovejas esquiladas parecen mucho más feas que antes de dicha operación, pero la lana es como la retórica, la oratoria y todos los trampantojos con que los DESPUÉS DEL E S Q m L E O EN EL CORRAL Y EK EL CAMPO hombres ocultan sus miserias: en quitándola se descubren todas las flaquezas, se ven los huesos salientes, las mataduras y las macas de todo género. Da lástima es que para esas cosas no haya también esquiladores. El ganadero y el inteligente en ganadería sólo después del esquileo aprecian en todo su valor lo que vale una oveja ó uncordero, la dureza de su carne, la amplitud de su vientre, la resistencia de sus músculos. Y si en vez de realizarse tan importante operación de una manera empírica y rutinaria, se practicara científicamente y con mayor cuidado, mayores serían también los rendimientos de la ganadería. Por desgracia, en nuestro descuidado é incipiente país, la Agricultura y la Ganadería se encuentran en el mismo atraso y abandono que otras cosas menos importantes. FOTOGUAFIAS DOSSET UN VECINO DE COLUMEDA