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SEDUCCIÓN Y U nt quieres q n c j u g u e m o s al t nnií. LUÍ MÍTii, aquí h e traída laa ratiuctas 3 ahí están esos esperándonos, -Antonio Luis, no seas inoeente- A nú y a rae ívbiirrpn el tf nms y el v el ffi- f T o d o s esos jue jos son como las ¡i r a d a s inglesas: es preciso avisar p a r a que u n o conozca cuándo se está divirtiendo. -jQué ridicula eres, Lili! Pues qué ¿q u e n a s que j u g á s e m o s al m a r r o ó al toro tf f. como los golfos d e la calle? -No, tampoco eso. Lo mrjios vas A creerte q u e y o t e n g o los gustos d e tu prima, la marquesita esa ú quien llaman la pitraUtu: ¡Qué giücial V todo porque su p a p á se hizo m i l l o n a n o vendiendo petróleo... y la casó con un marques, -ClarOn y por eso Inego le decían sus amiguR: Hijo parece que ahora a n d a s bien de luz, Y él contestaba riéndose: -N o liav como el petróleo p a r a hacer a n d a r l o s automóviles. Pero 30 l o q u e te d i g a q u e tu prima es u n a ordinaria. F i g ú r a l e que ahora dice q u e va á pfinerse los pantalones. -Yo creo que ya se los ha puesto, Lili- Ayer se lo oí decir á las d e Madurez, que estuvieron en casa. -No. tonto; dice q u e se va k p o n e r unos pantalones para aprender al foot- bnil... y ¡oye, q u é risa! au doncella le ha contado al lacayo de casa sabes? á Felipe, ese rubito, q u e a l g u n a s mafiamtas el m a r q u é s y la marquesa se ensa an al W Í Í en el jardín, y asegura que la señorita es capaz de p e g a r l e u n a p a t a d a ¿un baúl m u n d o y hacer i ai. -P u e s mira, deben de divertirse la mar. ¡Andan pues yo para eso no me casaria! ¿Crees tú que se casa u n a p a r a pasarse la v i d a p e g a n d o puntapiés á un balienf ¡T a n l o como eso, LilL. I Lrrtiujo ñu ctcii. io HLA FRUSTRADA -Claro, memo; es qne tií no lias pensado nunca en el matrimonio serinmentc. -jTonia! No fnltaba m á s Mientras no acabe el g r a d o d e bachiller, -Claro, mientras n o acabes ese grado, te bastará un ligero rí con la cocinera; amoríos con vistas á la despensa, lo cual t s como si fumaras aún cigarrillos d e chocolate já tus afios! -Pues no, hija: fumo cajetillas del khcdí e, d e esas del cscudito dorado. -Di que se las birlas á tu tía TítL- -Aguarda; y el otro día se dejó papá unas águilas imperiales d e aquellas g o r d a s que tienen el a; uilncho de oro p i n t a d o en la misma hoja y un anillo en la p u n t a p a r a que se sepa hasta dónd e h a y que cortar, ¡y me la fume t o a a s i n marearme! E s o para que me creas un pJÍr -ulo, -Bien; pues y o creo en vista de eso que debier a s p e n s a r en u n a resolución grave, importante. -Kso quisieran algunas... -Alíjnnas incluseras ó bizcas ó patituertas, ¿Te burlaban, mamarracho? -Ks q u e á mí esos amores q u e se piensan con seriedad me parecen m u c h o mas aburridos que á ti el tennii, el f ¡fy el tn kri. Quiía, quíta! Pues n o es m e n u d a penitencia caitita aquí y secretito ¡illá, y hacerle la corte á la misí. y buscarlt- las vueltas A la doncella, y fingirse niño bobo p a r a desorientar á loa mayores, ¡A mis rar uctas njc atengo! -jHijo mío, q u é imbécil le han criado t u s papásf Ahora sólo le fallaba hablar un poi nito d e S i h t l a y del problema de los cambios para acabar de parecerie al barón d e Ca 5 a- Iflita. s, ese sen a d o r vitalicio amigo de papá. Bien dice Miss Jlaud: Cómo están e s l o s j ó v e n c s d e hoy! -Es que yo soy d e mañana- Ha. ¿no juegas? Pues abur. porque á nosotros I t ¿r nuiñnna Dos g u s l a j u g a r á todo menos á los amorcítos. ÍDIALOGO PRIMAVERAL