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D E R O si Mr. Loubet y los franceses no se duermen, el rey de Inglaterra tampoco anda muy mal de pupila, como decimos por acá. Lo demuestra su visita al rey de Italia y á Su Santidad; visitas que acreditan cómo Eduardo VII sigue el prudente y diplomático proceder que consiste en echar una de cal y otra de arena ó en poner una vela á San Miguel y otra il diablo. No comprendemos nosotros con claridad la razón del entusiasmo que en el pueblo de Roma h a despertado, según las fotografías nos i- evelan, la visita de Eduardo VII. Los italianos están ya hartizos y escarmentados de alianzas que les han costado sudar sangre y oro v no les han servido para nada útil al llegar el momento del peligro. Quizás la explicación de ese entusiasmo sea LOS REYES DIC INGLATERRA Y D E ITALI S DIRIGIÉNDOSE AL QUIRINAL FOT. E CHAO EL PÚBLICO ESPERANDO Á LOS REYES D E L A N T E DEL BANCO DE I T A L I A FOT. E CHAO la creencia general de que al rey de la Gran Bretaña le guía en estos viajes un fin principalmente pacífico; pero de todos modos, algo de escama es muy conveniente siempre para juzgar de estas cosas. p ON igual creencia, sin duda, los parisienses, que ya conocían muy bien, quizás demasiado bien, á Eduardo V i l cuando era príncipe de Gales, le h a n hecho ahora que es rey un ostentoso recibimiento. Los franceses son admirables: son unos republicanos que se perecen por gritar ¡Viva el rey! Y lo han gritado y han engalanado calles y palacios y se han desgañifado ¿en aras de qué? Acaso, como decíamos la semana pasada, en aras de la entente cordiale. Un periódico siniestramente bello y ferozmente satírico, Ji assiette au 3 C 2 beiirre, comenta de la manera más acre y c r u e l la recepción hecha al re 3 de Inglaterra, con sangrientas c a r i caturas. La última representa á Kriiger, que contempla l a s banderolas y l o s arcos y d i c e lleno de amargura s a r c á s t i c a Son los mismos que se alzaron en honor de la República del Transvaal. Lo cierto es que l o s pueblos cambian de opinión y de s e n t i m i e n t o s como lo que son: como niños grandes y mal educados T t r -J V ¡ri g EL REY EDUARDO Vn Y EL P R F S I D E N T E LOT- BET E N LA ESTACIÓN D E LLEGADA J- OT. C H C S S E A U FLAVIENS