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LJLS P RKSJLS T i c n s los botánicos q u e l a Fresa, ó mejor dicho, el frt- sal es mía plant. i de l: i f: imil i f! e líts rosLiceas, especie d e las dríadeas, carítcterística por su fruto, q u e A u n a pulpa carnosa cubierta d e oíirpehis duraií que se llamao granos. Dííitíny uest l a fresa silvestre d e l a fresa eullivada, y cu é s l a h a y y a u n a porción d e cspedej; producto de cruzamientos y cultivos íuetódicos, como la fresa de los Alpes, la d e t o d o el año (parecida á lo q u e nosotros llamamos yvfdfl) l a fresa es arlata americana ó de Virginia, las in rlesas de Kosebcry y de Griuistone, l a fresa pifia 6 fresa rosada, eu la que liay variedades rarísimas q u e llevan los nombres d e sus inventores 6 cultivadores, como por ejemplo, la fresa del Conde d e París, la d e Elisa Myatt, l a del Duque d e Malaljoff y l a del Doctor Nicaiae. Diferente de cStas v a riedades por el color el sabor, el perfume y el t a m a ñ o es el fresón ó fresa d e Cliile. De 5 sta ha dos clases UYodemas: u n a l a J ana Victoria y otra la d e Wílmot, cuyos frutos á veces tienen el t a m a ñ o d e u n a pera d e Don Guindo. Muchas d t tí- tas especies se cultivan en Ks pan a, a u n cuando sólo en Aranjuez y en determinados puntos d e l a H u e r t a valenciana y d e la zaraj ozatia se tenga cuidado de conservar puras y sin nie ¿cla las simientes, único m e d i o de que este noble y delicado fruto conserve la finura de l a casta. El atraso en q u e vivimos, y qne nos ba hecho perder hs parís snn rff en el anado l a n a r y cabrio en el caballar y vacuno, mientras nuestras ra as de carneros, caballos, cabras y bueyes eran t r a s p l a n t a d a s á otros países q u e sabían conservarlas cieutííicaniente, ba sido también causa ¡le que siendo la tierra eüi aílola u n a de las más a b o n a d a s p a r a la producción de rica fresa, n o l a h a g a m o s fruto d e eNportación n i atinemos las especies, ni mucho menos tratemos de inventar otras nui: vas como se ha bcclio cu Inglaterra, en Francia y en América. Jisclavos d e la rutina y de l a ÍR U o r a n c i a a p e n a s si sabemos culUvar un fruto como l a fresa; y ¡queremos cultivar y g u s t a r las ideas m a d r e s d e q u e alimentan s u s almas lew pueblos seüores! V si alguien sale con l a tecla d e que somos m u y desagraciados y tenemos poca suerte, bueno será contestarle que no hav tal cosa. Cultivándola como lo hacían unesLros lalarabuclos, sin tmbar; o, es nuestra fresa de AranjueK la mas sabrosa del m u n d o sus frntoji son cdino labios frescos y vír; cnes, MI g u s t o es como d e un beso q u e la naturaleza m a d r e nos da p a r a celebrar la alejaría d e la primavera. Pero nosotros somos barafcancs 6 iii ratos y no sabemos corrtsponríer ú tan h a l a g ü e ñ a caricia, y cometemos errores tan fundamentales como los siguientes, que u n verdadero r. -íí yir (valija el disparate) ó a m a n t e d e las fresas no puede menos d e rechazar indignado: Primero, cocemos la í frcfiaG d cualquier hora del día. error profiindísimn pues l a ciencia y lít CKpc- riencia de consuno demuestran que no se deben coger bosta luedia tarde, como indica eí lindo a p u n t e d e Sola á q u e sir en de marco estas líneas, es decir, cuando ya el horizonte se cubre de esas neblinas azuladas, rosadas ó d e colur d e oro donde e! sol reverbera por refracción. Sejíuutlo, después de coger las fresas, las despojamos de su. i cálices y las arrancamos los rabillos, lo cual es otra monstruosidad con la q u e les f U ¡tauios lo mejor del pt- rfume. No se deben arrancar las partes verdes b a s t a momentos antes d e ir á comer el fruto. Y por último, solemos servirnos d e la fresa como postre, despu -s de copiosas comidas, cuando en realidad l a d i v i n a fruta es almuerzo ó desayuno, y toxuada en a y u n a s posee preciosas y eficaces virt u d e s medicinales. UN VJiClXO D E COLUMHI, A