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PRIMERO DE N A Y O A N T E S faltaría él sol en el ciclo, que Jiiau DüinoHt eo el patio tle MatuviHii- SH la. moza iiiñs Kanída del barrio del TíarquilioAquclla pasi dn asombraba por lo duiaíier: i á los c nipaileros del arro nute l i ú s a r pues si bien el francas se habLi enamorado miicLas veces en sus c o r r e r í a s europeas, nunca le apresó el amor tati hierteniente como entonces. Tenían razón en admirarse los demás húsares. Sn camarada pasaba las horas libres de servicio charlando con la madrileña, y la movible sombra de las hojas üeniap de una parra y el patiecillo lleno de calderos y cacharro: vieron nacer la humilde flor dtl amor verdadero en el alma encallecida de Dumont, P o c o á p o c o y ííln rjue íl se diese cuenta, abandonó el tonillo indolente y fanfarrón de los primeros días. Medio español, nacido en Pau de madre navarra, el militar hablaba un castellano ampuloso y enfático del que se reía Maravillas, respondiendo ála amorosas protestas del húsar con chanzas y bromas. Pero también se iba enamorando la madrileiía, á pesar de sus bromas. Su instinto de hembra la hacía recrearse cu el atavío cnquctóii del húsar, en los áureos cordonesj en las sedoíias pieles del doliuau, en fcl portaplicR os c h a r o l a d o donde se ensanchaban las alas imperiales del Aj uila napoleónica: lodo ello le airaía coiuo el vidrio á un salvaje. Kn el alma de! TÍ moi- a el afecto nacía; la p a s i ó n estaba cerca. Una t a r d e casi apareció. Hablaban los jóvenes en el patio. Eajo la ventana de Maravillas esponjaban se f rojos y recortados, unos s o b e r b i o s claveles. El vientecillo primaveral los mecía, y las flores, balanceándose sobre los grá ciles taUos, aiueuazaban romperlos con ía pesadumbre de sus pétalos. Kl perfume poderoso y picante íi censaba á Dumoiit- -Cuan bellos son esoíi claveles, -dijo el húsar. ¿Eres tu q úeu los cuida? -Yo íWíüwja. respondió Maravillas, inclinándose sobrt el alídi ar para ver las llores- -Hi me atreviese munnuró él, te pediría unOn- ¡Arre allá, frauchutef jXo r ¡ey; o yo mis c l a v e l e s ti! Pues hombre, -uno solo; el míls feo. Mira, ese c ue aún no se ha abierto, -íiuplicó Dumont mirando amantemeu t e a MaravillasEl alma indómita de la maja se ablandó entonces, pero disimulando su enternecimicnlo, respondió. -fíi te empeñas- Pero hoy no te lo doy. Mañana- -Mañana. -repitió el francés. Qné día es mafianaii Diuido, para que bendiga su iecha, Y mientras los claveles ersangrentaban al blanco muro con La púrpura de sus ílorcs- respoudió k española abanicándose: -Mañana es 3. lEl 2 de Mayo M. MjRJcm LÓPEZ RÜLKBÍS