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UN DÜEIDO RELATO D E UN TESTIGO J i amigo se prendó de la esgrima con un calor y nna tenacidad que rara vez ponemos ni aun en nuestras intimidades con las mujeres. Su existencia transcurre en las salas de armas, en las cuales todo le es familiar: el maestro, los prebostes, el linoleum, las panoplias y hasta el aire viciado que aliase respira en las horas de ejercicio. Cuando nos encontramos en la calle me saluda poniendo el bastón en alto, con el puño sobre los labi LO. S í: í MSCn KN t L T RRIÍ. disi) 0 e el empezar un asalto de es rinia. Si habla, entrevera en las conver. saciones más triviales vocablos de armas. Una agudeza ingeniosa equivale para el á un golpe recto. Callar es romperAyer me refirió episodios del desafío en que h a intervenido recientemente. Su voz sanguínea y enérgica adquiría entonaciones de mando, como si aún estuviese disponiendo el combatí obre RnDIENDO LAS ARMAS el terreno. Chico, un duelo d e c e n t é habla él, -un duelo como ra a vez se ultima en España. Ya conoces á los adversarios: Pascual Andrade, de la sala de Bordas, y Diego Berthier, aquel francesito que estuvo de preboste con León Brontin. ¿Te acuerdas? Bajito, anguloso, de escasas carnes, poco palabrero, pero todo nervio. Chico, ¡qué golpe recto el suyo! No lo para ni el mismo Villaverde, que ha parado todos los sablazos de Es- YA ESTÁN DESINFECTADAS lEN GUARDIA; paña entera. ¿Motivos de la cuestión? Pues, los más fútiles al principio... Luego se agravaron. Tú sabes que Pascual Andrade se llevó el campeonato de florete en Málaga. (Asiento con un movimiento de cabeza. De ahí vino la cuestión. Berthier, que dicho sea de ti para mí, es más tirador, está celoso. En resumen: se dijeron cuatro frescas, Andrade levantó el puño y... dos horas después habíamos concertado el encuentro. Espada francesa, terreno á devolver una vez, guante de calle, etc. P a d r i n o s de Berthier, Joaquinito Dorregui y yo; padrinos de Andrade, Natalio Villar y Fernando Fresneda. ¡Qué mañana tan espléndida en el Reti-