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ESPE RAN DO ñU ñMO 1 o misino en Castilla l a Nueva q u e en Castilla la Vieja, la palabra ami q u e lanío molesta y ofentíe á los sodaliíila! cuanto era grata y simpática al ajui; ro Nicti -clie, se pronuncia, por lo jicnt- ral, sin a m a r T a ni odio. Hn la Mancha, el marido llama A la mujer apiay ella le d a á ¿I el nombre de ama cuando la pae reina en el matrimonio y el amor resplandece cu el bogar. Acaso m á s arriba d e Castilla la Vieja, allá en Asturias y en G a b d a t i pmc inspira miedo ó engendra sen ilisnios y humillaciones. E n esto q u e los catalanistas suelen l l a m a r despectivamente i mei ta rrntrcií, n o suele h a b e r a m o s qne humillen ni criador que se presten al servilismo. De alRo había d e serv í m o s ese tradicional o r i l l o castellano al q u e no hemos sacado mejor ni más provechosa y niitrítiva sustancia. Esas dos mujeres que Albertí ha pintado, están, pues, a g u a r d a n d o la llegada del uno. Pero ahí se v e bien elaro q u e el amo n o es el d u e ñ o material d e lü casa y el jefe d e las personas, siuo el padre y el esposo, quiere decirse, marido d e la vieja y padre d e la chica. Esta h a p u e s t o la mesa, alisandíi cuidadosamente el blanco maniclillo, y escancia en el j a r r o tala ver a n o el preciosísimo j u g o que en s u vientre encierra la divina b o t a íüda llena de i7i ¡sUríos, como cantó en versos inmortales, ponderativos y eurevesados Maese Francisco Rabclai- s- H primo d e Sancho Panza y amigo y devoto dercclebi- rrimo Panarra, 1 quien adni ¡r 5 y ensalzó Qucvcdü, El Jtisa á quien se espera debe d e venir fatigado y hambriento, puesto q u e le a g u a r d a n dos Eueutcs Ii ndas, que según todas las probabilidades, no habrán de. contener melindres ni inenneladas sino un puchero d e fragante y d o r a d a sopa que la mo a calará según a r t e momentos depués d e aparecer el interesado y ujedio almud d e tiernos garbanzos d e Castilla, periiiuiados por el confortante olor del chori- to salmantino, d e ese trascendental embutido que t a n t o contribuye á í o n n a r los caracteres y que eK gloria cuando, como en el caso q u e estamos viendo, quien ha d e comerlo ha tenido la fortiuta út- con i tt pfríonírirnrnu al aprcciablc cerdo que p a r a la fabricación del tal e m b u t i d o hizo el sacrificio út- s u s recias y apretadas camcsDespuÉs, bien lo indica la actitud d e la vieja: despuí. para corouainieiiEo y fm de tales antei hab r á postres presididos por u n a homérica ensalada. La b u e n a mujer está limpiando con m u c h a curiosidad la fuente y e n s e g u i d a reslreKai á eu ella d e u n a manera equitativa y prudente u n a ó dos cabez a s de ajos de esas ijuc en la silla de al lado se ven: sobre este ruignEííco cimiento caerán las alegres y blancas labores gótico floridas de la escarola como sobre su bnase n a t u r a l Terminados los preparativos, la anciana reanudará la calceta, la, moza se asomará á la puerta ventana es probable q u e n o la haya, por lo menos á la calle) y el apreciable íato, ti mds ffhs de tm fre seg ú n la írasc picaresca de los franceses, se tumbará, mientras ne; a la solemne h o r a de las piltrafas. Ea y a esta puesta la mesa: el fpia v a á llesar. Va llega, nos invita con la g r a v e cortesanía de los h o m b r e s de su tierra. Dejemos la plumai á la mesa. laauiO D AHUtnr- W. B