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m FLORe oe ÍDAORJO fT- JKV r? I I NA de las mayores y más motiva das tristezas que debemos tener los madrileños la constituye un hecho inexplicable: en Madrid hay muy pocas ñores... y no hay razón para que no abunden esos bellos y gratos dones del cielo. Es una perogrullada ya el afirmar que los tiestos son las jo 3- erías de las bellezas pobres, pero no se concibe ni se justifica el desdén de alguna parte de nuestra burguesía y de nuestra aristocracia por las flores que en casa se crían, y que llegan á constituir una íntima y cara afección, delicada, sen- UN CRIADERO j i I cilla y tierna como la que se siente por el pájaro ó por el animal doméstico, por el cuadro, el bronce ó el muéble preferido. Así, la industria de las flores en Madrid se halla muy poco adelantada Cuatro ó cinco jardines impor- SACANDO TIESTOS DEL INVERNADERO tantes existen nada más en los alrededores de iMadrid, y aun éstos no tienen puntos de venta fijos más que para la ñor exótica ó rara, que á veces cuesta un sentido, y que se expone en escaparates suntuosos como una joya de inestimable precio. No hay mercado de flores como en París ó como en Barcelona, y los grandes criaderos proveen tan sólo á los vendederes a: n- Í 1 íf M W V Wir 1- F -1 EL T í o DE LAS Ff- ORES -S PUESTO EN EL ATRIO DE U- ÍA IGLESIA bulantes que llevan á la espalda ó á lomos de un borriquillo el jardín, ó á los pocos y conocidos puestos que existen á la puerta de algunas iglesias. Debiéramos preocuparnos de esto, ya que pocos medios hay tan fáciles y baratos para embellecer la existencia madrileña, tan falta de atractivos. Füto rañas de Muñoz de Uaena