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quita el pan de la boca. Como no hay nada más elocuente que el hambre, no han tardado en surgir e. spontáneos oradores con chaqueta corta y pavero, quienes han arengado á la menesterosa multitud, sin que por fortuna todo ello haya revestido más graves caracteres. Otras ciudades de España, desconfiando de los recursos hunianos, han invocado la protección divina: tal ha sucedido en Cáceres, donde el devoto vecindario sacó en r o g a t i v a adpetendam fluvhíin á la venerable patrona de la ciudad, Nuestra Señora de la Montaña, según puede verse en nuestra fotografía. Al agarrarnos al agua como único recurso. heroico y medio extremo de salvarnos, venimos á ha; er lo que el borracho famoso, que después de confesarse y recibir la Extremaunción, pidió que le llevaLA VIKGISN D E LA MONTANA SACADA EN ROGATIVA FN CÁCURIÍS sen un vaso de agua para reconciFOT. H liarse con todos sus enemigos. De igual manera nosotros, que hemos ido tantos años dando tumbos como borrachos por todos los esquinazos y callejuelas de la política, caemos ahora en la cuenta de que tantas embriagueces nos hacían mucho daño, y en cambio el agua es nuestra sola salvación. Costa (D. Joaquín) fué el primero, el más elocuente defensor de la política hidráulica; dáQicóse luego á nadar en otras aguas, y h a recogido su bandera un político joven, animoso, de gran voluntad y de claro talento, D. Rafael Gasset, uno de los pocos exministros que han salido enteros é incólumes de un Gabinete de partido. La ocasión escogida no ha podido ser más oportuna. Todos los españoles, ya tengamos tierra en los campos, ya la poseamos tan sólo en el cielo de la boca (porque en estos días se tragan cantidades inverosímiles de polvo) estamos llorando por agua, y como dice la leyenda andaluza, esperando la del cielo. No es ciilpa del Gobierno el que no llueva, como apunta La Época c o n su habitual sensatez, pero sí de todos los Gobiernos el que tengamos mal administradas las aguas de nuestros ríos, y repartidas sin equidad alguna, y derrochadas de la manera más deplorable. Por eso todo el mundo aplaude la campaña del Sr. Gasset y desea que este hombre de buena voluntad se salga con la suya. D E R O mientras tan gratas y ha- lagüeñas esperanzas se realizan, el pueblo sigue confiando en la intervención divina y creyendo en los milagros. De ello son buena prueba los grandes festejos celebrados en Valencia en honor del Santo Patrón de la ciudad San Vicente Ferrer, y de los cuales recogemos una característica nota qxie recuerda las representaciones teatrales celebradas en la Edad Media, primero en el interior del templo, después en el atrio. No sabemos de ningún h i s t o r i a d o r de nuestra literatura que se haya hecho debidamente cargo de los milacres, autos ó piezas dramáticas religiosas y populares, como la REPRESENTACIÓN D E U N MILACREs EN LA PLAZA D E LA CONSTITUCIÓN DE VALENCLA. FOT. F. SÓMEZ