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los matadores del cartel de abono cuál es el que goza de las simpatías femeninas. Pero de todos modos, ellas toman en la plaza el partido más prudente que tomarse puede; el de divertirse á toda costa. Exactamente lo mismo que haría Aristóteles si asistiese á la de inaupzíracion. ¿Qué le gusta á usted más de la fiesta de toros? ¿Qué le gusta á usted menos de la fiesta de toros? INSTAS dos preguntas, acaso algo impertinentes, li mos dirigido á los siete matadores que forman el cartel de abono de la temporada presente en la plaza de Madrid. Y los matadores, que en esta época se encuentran en la misma situación de los hombres políticos ante unas Cortes abiertas, han contestado á nuestras preguntas haciendo amables y trascendentales declaraciones, cuya importancia no necesitamos poner de relieve, porque ya estamos figurándonos la ansiedad indescriptible pintada en los rostros de los aficionados de ambos sexos, y porque, como dijo nuestro amigo el clásico sevillano, E to Tncs, ello se alaba; no es menester alaballo. A contestación de ¡Ma zantini á nuestras preguntas es casi casi un discurso académico. No en MAZZANTiNi balde el decano de los e. spadas de cartel tiene añeja y merecida reputación de hombre culto y versado en las letras humanas y no sabemos si también en las divinas. Todo e mundo recuerda sus elocuentísimos speaehes ante el palco presidencial, si bien h a y algunos individuos ineducados y atrabiliarios para quienes la elocuencia de Mazzantini está en el estoque y en el crítico m o m e n t o d e la reunión. En fin, lean ustedes, ó mejor dicho, paladeen lo que el egregio maestro de Elgoibar ha contestado á nuestras dos preguntaij; A l a p r i m e r a Qtte el público se vaya- muy contento porqtc los que haya nos toreado, t e n i e n d o e l s a n t o d e c a r a satisfagamos sus aficiones dentro de sus simpatías. A l a s e g u n d a Q 2 ¿eno hayaordenenelredo? idel y qtieno estemos algunas veces en el puesto debido, evitando así peligros qtie de otro modo no ocurrirían. ¡AhJ... y que no m silben. f Como ustedes ven, la contestación no puede ser más gubernamental. En ella se respeta el sufragio determinado por las simpatías y se proclama la necesidad del orden. Mazzantini, como era de esperar, muestra una tendencia conservadora altamente plausible en qUien arriesga el pellejo á cada triquitraque. El simpático Joaquín Navarro (Quinito) contesta á nuestras preguntas con una concisión verdaderamente lapidaria: A la primera: Las palmas. A la segunda: El segundo aviso. Aquí no hay vaguedades ni floreos retóricos. Qu- iniío, hombre de acción ante todo, como deben sei lo los buenos espadas y los buenos gobernantes, menciona dos hechos únicamente, dos hechos claros y significativos. De sus contestaciones se deduce lógicamente que trabaja por la gloria del momento, que le importa antes que nada el aplauso fugaz y caprichoso de las masas... y de la segunda contestación se infiere que para él lo primero es el pundonor, eso que llaman vergüenza torera. Las respuestas del elegante KÍÍ OTÍZ que conoce el público por el nombre de Antonio Fuentes, son en alto grado satisfactorias para nuestro orgullo nacional, y confirman que también entre la gente de coleta existe el nacionalismo intelectual de que tanto se- habla ahora en el Ateneo 3 en sus alrededores. -Lo que más m e gusta de la fiesta de toros- -dice F u e n t e s- -e s el carácter puramente español que tiene; l o q u e más me disgusta es el tercer aviso. Después de esas explícitas declaraciones, ¿cómo va á torear Fuentes ante un público catalanista, por ejemplo? En fin, felicitémosnos, entusiasma-