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DoRQUE el laTiio indiscreto, dejó en mis sjieños escapar un nombre, ¡en el camino j- a de mi secreto, tiemblas, nitijer, por la traición delliombre! Oj e, no tengas celos, vida mía. Yo era niño, muy niño todavía, y presentí el amor en lontananza por una alegre niña que tenía los ojos del color de la esperanza. ¡Qué horizontes serenos me ofrecía! ¡Aún la recuerdo, deslunibrado y ciego! Mirándonos, mil veces cada día poníamos mil pausas en el juego. Su pelo era más negro que el basalto; sus mejillas tan rojas como el fuego. Era dulce, era tímida y sencilla, ¡y 5 a tenía el corazón muy alto, cuando aún era más baja qiie una silla! Reía sin rumor, sin alboroto; saltaba, y era un vuelo cada salto... ¡Era tan inocente, era tan bella! ¡No sé cómo mil veces no se ha roto mi pobre corazón, pensando en ella! No te enojes si ves que su memoria de mis ensueños resucita el germen, ni tengas celos de saber su historia. ¡Amémonos, mi gloria! ¡Los vivos aman y los muertos duermen! No agravia su rectierdo á tu cariño. ¡Murió sin ser mujer! Yo la quería... Fué una ilusión de niño, un juego de dos ángeles traviesos. Aún guarda su inocencia el alma mía, y ella está en mí cuando te doy mis besos. Era el amor del niño, no el del hombre, y al querernos tú y yo no la ofendimos. Fué una hija anticipada que perdimos antes de darle nuestra sangre y nombre. Si mi labio indiscreto evoca en sueños la perdida e. trella, ten piedad, no maldigas mi secreto; sueña conmigo y rezarás por ella. Y luego el santo lazo en que á mi amor tu corazón reciba, será el solemne y misterioso abrazo del alma muerta con el alma viva. RICARDO J. CATARINEÜ DIBUJO DE VAKKLi.