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El hijo del t o r e r o i. tiíü de Rc- urreC Cíiíiij risueño y nk- prc en casi todos Ins iiriparcs de 1 J cr tiaruLid, c s n n día tristísimo CU las casas de l o s lorcros. Las valerosa iiuijcrc; d e mit- slros ¡irtistas de coícta necesitan echar iiM- iio LiJ lili día de toda su iortale a V r c M a c i ó i i CojnicTi a p a m cT! as u n a tcmpnriida d e o -ohras cnijst nlüS V d e p e r p e t u o dcsa osiego, l- A tcsüro tie energía iimra l: i suma d e sufrimientos mejor ú jicoT disimulados que en estos meses desga. stan esas existencias frágiles, quión scrd capaz de medirlos y apreciarlos Únicamente un Daudet, que describió en admirables p! S; inas las- I jí Trj imrttjfuu Iiubíera podido trazar con su m. ij ica plnma fas f i a r a s temblorosas y acongoiaiias d é l a s mujeres d e toreros. J d e n u e s t r o cuadro siquiera tiene un dulce consuelo en las horas tfe angustia: el pctjutüuelo q u e realiza el milaj ro de llenar d e alearía un patío andaluz, lo cual es como llevar hierro ú. Bilbao. El hijo del torero heredaiii la nobleza y gallardía de su projíenitor, mas ya tendrá su madre buen cuidado p a r a q u e desde p e q u e ñ o cobre horror á ia fiesta nacional. No será torero, n o ¡Torero el hijo del torcrol Eso era anUiño. cuando el oficio no producía sino d i s i s t o s y comadns, K o v dia el torero d e cartel no es más que un matemático aplicado á resolver el problema del millón ú d e los diez millones, sci ún su rry nio. l, a cuestión está en rcsolvcde p r o n t o p a r a convertirse en el más jiacífico y barrigrido b u r g u é s de la tierra. No b a v cuidado, nt) Hl chico del torero, á poca suerte q u e t e n c a su padre, -será ingeniero industrial, abü a lo, p a i t a n t e ó diput- ido á Corles. UISU O DIE ANliHAr