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I E SCENA XII. G A L E R Í A PRINCIPAL EN EL PRETORIO Munacio, que esid de guardia ccn otro legionario d la puerta def satán) ¿Qiíé ha sucedido, M u n a d o? AluNACJo (con h pica terciada, sin pestañear) -Nada aún. Esos malditos van á volver locí al procurador- N o se, no s é RufA, ¿Pero qué le han pedido? Voces fuera del Pretorio: aCruciFícalc, cTucífícale. fl) MUNACIO. -Ya Jo oyes; lo mismo que pide cJ RUFA que llega desalentada, dirtgiéndcse d pueblo. RUFA ansiosamffnte) ¿Y no podemos hacer nada? Munacio, tú eres un hombre, un bravo militar de Roma, llevas una espada al cinto. M U N A C I O -T ú has dicho que si Rabbí Jeschuá quiere salvarse, el sólo se salvará... Adcrriás, yo soy un soldado, cumplo mis consignas, obedezco ciegamente, voy á donde me mandan. Safen del salón discutiendo acaloradamente y vociferando escribas, fariseos, sacerdotes, magistrados Judies En pos de ellos un centurión que pide echo lumbres para acompañar at T eo condenado á muerte. Munacio saluda mililarmente. P r e sente, centurión- V o y p o r los seis hombres que hacen falta. R U F A ¡T ú Munacio, tú mismo has de acompañarle al suplicio! N o por Dios; piensa en mí, te lo ruega Rufa, tu amiga de siempre, la que tan bien r e picaba los palillos tartesios. N o vayas, Munacio, s en algo me estimas. (5 arrodilla ante éL) MuNACJo (rechazándola) -Quita, mujer; tú no sabes de disciplina militar- ¿Lo mandan? Se obedece. ¡P o r ía gloria de Césarl ¿Por el honor de Romal MI i r N. M.